Carolina Ruggero

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Un mundo sin certezas… ¡Eureka!

La relación de Eddington con Einstein y su curiosidad científica ponen en jaque los cimientos mismos sobre los que había construido su armazón teórico, incluido el espacio, que quedaba para Dios dentro de él.

einstein-eddington

¿Qué hay que hacer después de Newton?
Tenemos la verdad, sabemos cómo funciona el universo
Necesitamos un Director que mida y describa lo que sabemos
Necesitamos a Arthur Stanley Eddington, nada de teorías.
Es el mejor medidor de Inglaterra

Según la película de Philip Martin, estas fueron las palabras con las que contrataron a Arhur Eddington como director del Observatorio de Cambridge.

Eddington, un joven cuáquero, comenzaba así a dirigir el observatorio, a honrar a Newton en la que fuera su oficina, y además encontraba un refugio pacífico como objetor de conciencia mientras todos los de su edad se alistaban para ir a matar alemanes.

Junto con el cargo viene aparejada la investigación sobre quién era un tal Einstein, un físico que había sido convocado por el gobierno/la academia alemana para volver al país en el que había nacido, con enormes beneficios.

Einstein, que para ese entonces era desconocido salvo para los que habían tenido la oportunidad de intercambiar con él e interactuar con su mente brillante, no estaba entusiasmado en lo más mínimo por regresar a su país natal: La nacionalidad alemana, a la que había renunciado, le daba lo mismo. Él simplemente buscaba, en los diferentes lugares donde vivía, la oportunidad de hacer lo que más le gustaba: Física teórica. El ambiente de beligerancia creciente dentro de la universidad y las aplicaciones prácticas de la ciencia en función de la Gran Guerra, alimentaron las controvertidas posturas de Albert en contra de muchos de sus compañeros y superiores.

De la misma manera, nuestro Eddington, que ya había pasado una temporada pelando patatas por objetor de conciencia, se veía cada vez en más dificultades para defender su postura pacifista en medio de la guerra.

Simultáneamente, comenzaba a leer lo poco que había publicado Einstein. Dándose cuenta de que si avanzaba en sus investigaciones refutaría la teoría gravitatoria de Newton, movido por el interés científico y en contra del extremo control de las comunicaciones y el omnipresente y creciente nacionalismo, le escribe y así comienza una relación.

Esta relación y su curiosidad científica ponen en jaque los cimientos mismos sobre los que Eddington había construido su armazón teórico, incluido el espacio, que quedaba para Dios dentro de él.

Debido al nacionalismo descontrolado, el solo intercambio epistolar entre ambos científicos era sospechoso de traición. Pero la curiosidad sobrepasaba los condicionantes; el uno en el otro encontraron la pasión necesaria para continuar en momentos de tanta oscuridad, para seguir adelante sin tener en cuenta que para muchos lo que se jugaba era si el funcionamiento del universo se guiaba por normas inglesas o alemanas.

Esta pasión es la que lleva a Eddington a planificar el método de contrastación de la teoría de Einstein cuando las comunicaciones entre ambos ya estaban prácticamente interrumpidas hacia finales de la guerra. Había que aprovechar las investigaciones del próximo gran eclipse, sacar una fotografía y compararla (superponiendo los negativos) a una anterior. Si había variación, Einstein tendría razón: el espacio no sería plano.

Y así partió, después de finalizada la guerra, hacia Isla Príncipe, el mejor punto para observar el eclipse. Animándose a jugar a aquello a lo que nunca habría imaginado, desafiando el orden de lo establecido con lo que mejor sabía hacer: medir.

Y resultó que Einstein tenía razón y que la forma de ver el mundo había cambiado para siempre. Que verificar la teoría era animarse a vivir en un mundo con aun menos certezas. Fue en 1919.

1919_eclipse_positive

diecinueve decinueve
llegaron los ingleses a la isla de Príncipe
con sus aparatos de mirar la noche
los colocaron aquí a plena luz del día
esperaron, esperaron y esperaron
hasta que el sol se apagó
sobresaltados
apuntaron allí donde estaba la primera estrella
en verse en la noche del eclipse
eureka, eureka y eureka gritaban
los ingleses por las calles de San Antonio
gritaban que el judío alemán tenía razón
eureka
y fue otro el universo desde ese año
diecinueve diecinueve
Bruno Bellón Suárez

«Un mundo sin certezas… ¡Eureka!» recibió 4 desde que se publicó el Lunes 26 de Mayo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. daniel dice:

    Jo, Carlo… los pelos de punta, qué bien contado. Solo hay un pequeño detallito importante. Los poemas de Ruido o Luz tienen tres padres, por así decirlo. No quisimos que cada poema fuese firmado por su autor y varios de ellos se construyeron con piezas de unos y otros… y en el caso de Guineánico, lo único que puedo decir, manteniendo el acuerdo de no indicar la autoría, es que ninguno de sus versos es mío, lo que no impide que los sienta como míos. Fírmalo porfa como opción a: Bruno Bellón Suárez (un heterónimo con el que llegamos a jugar, opción b: de Ruido o Luz, Daniel Bellón, Carlos Bruno, Ernesto Suárez. Y un beso enorme!!!

  2. daniel dice:

    I mean Jo Carol 😀

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