Carolina Ruggero

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Tirarse al mar para pisar la luna

diving flag_0Un día una amiga me dijo que por qué no iba con ella a la pileta, que había hecho un curso de buceo y ahora seguía entrenando con el mismo grupo. Yo no me había planteado sacar un brevet, ni siquiera calzarme patas de rana, pero me convenció diciendo que ir a nadar con compañía no era para rechazar. Y no, no lo era: me gusta mucho nadar y a veces se hace difícil retomar sola la actividad, así que fui.

Poco más de tres meses después, estaba subida a un ómnibus hacia Las Grutas, a un poco más de 1.000 kilómetros de Buenos Aires, para hacer mi primera inmersión como buceadora en el mar.

Antes de eso, lo inimaginable: de pronto estaba yo haciendo cuentas, aprendiendo un poco de física, química y anatomía. Para poder obtener un brevet que te habilite para bucear, se requieren exámenes teórico y práctico: qué pasa con la presión, con el nitrógeno, los pulmones, aprender a armar y desarmar el equipo y reducir el peligro de agotamiento lo máximo posible.

Gracias a esto me enteré de que esas aventuras del Calypso que habían ocupado mis tardes infantiles, que ese capitán Cousteau mal doblado de mi infancia, había inventado el buceo recreativo como lo conocemos hoy. Esa no era su intención, claro está, pero lo hizo posible.

¿A qué se le llamaba bucear?

Campana de buzoNo hablaremos aquí sobre los antecedentes prehistóricos, ni de los problemas de Aristóteles relacionados al buceo. Diremos que a partir de mediados del s. XVIII comienzan a sucederse los inventos para ganar tiempo y profundidad en la inmersión. Así, la campana de buzo va reduciendo su tamaño hasta convertirse en un casco que recibía aire desde una bomba en la superficie, al que luego se le agregó un traje «seco», al que se llamó escafandra.

Buceo con escafandraEsta forma de buceo requería de una manguera con el exterior, y el necesario peso del traje impedía la movilidad del submarinista. El buceo autónomo todavía era un desafío.

En la década del 30 del s. XX se crean las aletas o patas de rana, el snorkel y la máscara que abarca ojos y nariz, hoy conocida también como luneta. Pero ya desde 1838 se suceden distintos tipos de reguladores, inventados o mejorados por investigadores de diversas procedencias. Quizás se pueda destacar que en 1933 Le Prier patenta la escafandra que proporciona al buceador una autonomía real, gracias al tanque, garrafa o bombona con aire a alta presión (150 atm), y una buena visión, con el empleo de la máscara. Todavía faltaba un sistema de control del consumo para permitir la autonomía y algunos detalles técnicos más.

Pero como sabemos, las grandes innovaciones raramente vienen de la nada, así que esta es sólo una de las maneras de contar los antecedentes del buceo autónomo.

¿Y Cousteau?

Jacques CousteauAl parecer Jacques-Yves Cousteau quería dedicarse a la aviación y no a la profundidad de los mares, pero un accidente se lo impidió. Comenzó sus experimentos submarinistas siendo él subteniente y estando destinado al destructor Condorcet como oficial de artillería. Al principio lo hizo en apnea, con la máscara que le había dado su amigo Philippe Tailliez.

En 1942 Émile Gagnan (ingeniero empleado en Air Liquide, empresa especializada en gases comprimidos) miniaturizó un regulador Rouquayrol-Denayrouze para adaptarlo a los motores gasógenos de los automóviles, pues los alemanes ocupaban Francia y confiscaban toda la gasolina.

JYC_Simone_SCUBA_0Resulta que el propietario de Air Liquide era el suegro de Jacques-Yves y pensó que ese regulador podría ser de mucho interés para su yerno, que hacía tiempo intentaba conseguir un sistema que otorgara plena autonomía al buceador. Gagnan y Cousteau fueron presentados, y entre ambos fueron perfeccionando prototipos hasta obtener uno cuyo principio básico es el mismo que utilizan los reguladores hoy en día. El regulador Cousteau-Gagnan, el Aqualung, se valió de varios inventos anteriores para combinar un tanque de aire comprimido y un regulador. También se valió de varios prototipos y experimentos fallidos, hasta que se concretó.

Volviendo a Cousteau, todo esto fue posible por dos cosas: la primera, porque Jacques-Yves se había apasionado por el mundo submarino, se había decidido a estudiarlo y quería filmarlo; la segunda, porque el ejército francés había sido arrollado por los alemanes y hasta 1943 Cousteau se dedicó a perfeccionar sus ideas, y a realizar sus primeras grandes filmaciones submarinas.

Cousteau puso en marcha varios centros de investigación subacuática para la marina francesa y en 1948 se retira y comienza a dedicarse de lleno a la investigación submarina, y sobre todo, a filmarla. En 1950

fundó su organización de estudios oceanográficos, y consiguió que un millonario irlandés adquiriese un antiguo dragaminas inglés construido en los EE.UU. y se lo alquilara por un franco al año. El barco fue equipado con laboratorios de filmación y estudio del mar, un helipuerto y una cúpula de observación en la proa, y conservó el nombre Calypso de cuando ejercía como ferry en Malta. Fue el inicio de más de 45 años de expediciones, experimentación y filmación que extendieron el conocimiento de las maravillas del mar a millones de personas, y establecieron el submarinismo deportivo como una técnica habitual.

Calypso de juguete

El día que pisé la luna

Lo que hizo Cousteau con sus travesías televisadas desde el Calypso, fue entusiasmar en la aventura del submarinismo a todo tipo de gente. También inspiró The Life Aquatic with Steve Zissou de Wes Anderson y algún tema musical.

buceo 074No, para bucear deportivamente no se requiere de la pasión de los inventores, ni de la de los investigadores, ni siquiera se requiere ser un aventurero. Sí, para bucear se necesita un poco de dinero (sobre todo si se vive lejos del mar), algo de entrenamiento físico y un amor por la vida que te permita estar a salvo y cuidar a los que te acompañan.

Bucear no es nada de otro mundo ni nadie se convierte en mejor persona por bucear, pero déjenme decirles algo: después de esos 1.000 km desde Buenos Aires, después de estudiar un poco de física, química y anatomía, después de entrenar físicamente durante 3 meses, me puse un traje de neoprene alquilado, y me subí con un poco de miedo a un bote de goma. Y cuando con la ayuda de 10 kg. de plomo en la cintura salté dentro del agua fría de la Patagonia, me sumergí y mi vida cambió para siempre: vi algo que nunca había visto.

«Tirarse al mar para pisar la luna» recibió 5 desde que se publicó el Miércoles 29 de Enero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Es verdad que tu vida cambia y es una experiencia muy adictiva. Realmente es estar en otro mundo, con otras leyes físicas, otras lógicas y un montón de cosas que nunca ves en su espacio natural. La sensación es que estás en otro planeta, tal cual.

  2. Creo que aquí tienes todo un filón conectando con historia de la tecnología, pioneros victorianos, segregacionismo marino, futuros olvidados, ciencia ficción desde Verne… todo un mundo!!

  3. Agustina dice:

    Ok. Lograste que googleara cursos de buceo en Buenos Aires… Besos!

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