Recetas compartidas

      8 comentarios en Recetas compartidas

En los ’90 conocí los tomates secos. También muchas cosas más, algunas de las cuales hacen reir a los amigos peninsulares, como el queso de cabra. Un montón de cosas sencillas empezaron a ser conocidas por mí en modo gourmet pretencioso, tipo: colchón de hojas verdes con tomates secados al sol y toques de queso de cabra (léase: rulo).

Ya finalizando la década, un día fui a la verdulería de mi barrio y descubrí que el verdulero (seguramente provisto por algún pariente de su provincia natal), vendía aceite de oliva, aceitunas y, oh, tomatitos secos.

– Tenés tomatitos secos!
– Si, querés un consejo para prepararlos?
– Dale
– Los ponés todos en un recipiente, los cubrís con agua caliente para que hidraten. Después, los sacás y los secás bien. Pero bien, eh! Después agarrás un tomate, le ponés una hojita de albahaca arriba y sobre la albahaca un poco de queso rayado. Arriba otro tomatito, otra hoja de albahaca y más queso, y así seguís… Después metés todo en un frasco, un par de dientes de ajo y lo cubrís con aceite de oliva

Lo hice, quedaron buenísimos. Desde entonces los hago siempre para compartir.

Este verano mi albahaca creció agradecida por el sol, lo cual me hace feliz porque no es tan fácil comer algo con albahaca en Euskadi. Estaba tan grande y linda que pedía a gritos tomatitos secos. Me costó, pero conseguí. El idiazabal que los acompaño es de estas tierras y quedó genial.

Además de disfrutarlos y compartirlos, quería registrar esto que, de tan fácil, casi no puede llamarse receta.

Menos mal que no todos creen que sus cosas preciadas deberían ser patentadas, sino todo lo contrario.

La Albahaca Los tomates secos

Plato terminado A comer

8 pensamientos en “Recetas compartidas

Los comentarios están cerrados.