Carolina Ruggero

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Por qué me gusta MasterChef Junior

niño con cuchilloLa verdad es que no puedo hablar mucho del programa porque no lo vi más de 10 minutos, pero fueron suficientes para lo que quiero decir.

El programa no demuestra el talento de los niños, ni siquiera sabemos si tienen talento. Definitivamente no saben cocinar bien aunque, claro está, se dan mucha maña para la manipulación de alimentos y pueden preparar algunos platos, no tienen idea de sabores o de contrastes, ni tampoco entienden bien las consignas.

Y entonces por qué me gusta MasterChef Junior?

Porque los niños están entre fogones encendidos y aceite hirviendo, y usan cuchillos de verdad, grandes y afilados. Piensen hace cuánto no ven una imagen semejante, en la tele o en el mundo real.

Tanto en la literatura como en el mundo de los objetos, el entorno infantil resta experiencias en nombre del cuidado. Pero, ¿qué cuidado es aquel que inhibe de la experimentación? ¿Qué clase de aprendizaje proporciona? No estoy hablando de que mejor sería infligir miedo adrede o hacer vivir experiencias por encima de la edad física o mental del chico; solo estoy hablando de brindar las posibilidades de aprendizaje del mundo que los rodea.

Hace poco un amigo escritor compartía un artículo en el que un autor se lamentaba y alertaba sobre la posibilidad de aburrimiento literario a causa de la búsqueda de lo políticamente correcto, que llega a cambiarle finales a los clásicos:

¿Qué hacemos con la bruja antropófaga que muere quemada en Hansel y Gretel? Podríamos ponerla vegetariana, y matarla de una neumonía. ¿Y los valores sexistas de los cuentos de princesas? Quizá en vez de princesas deberíamos poner ejecutivas de transnacionales. ¿Y qué hay del prejuicio contra las familias modernas en Cenicienta? A lo mejor, en vez de madrastra, la mala debe ser «una amiga de la familia». Así nos aseguraríamos de transmitir valores sanos… Y cuentos insoportables.

Si pasamos al terreno de los juegos infantiles, la evidencia está a la vista: los niños se montan a juegos de plaza de materiales inocuos, perfectamente acabados y caen sobre una superficie blanda que se encuentra en lugar del suelo. Ya no hay ni arena en los areneros porque es sucia. Eso de caerse y que te duela parece que no va más, mucho menos que se enganche la ropa en un tornillo suelto o los célebres raspones en las rodillas producidos por el duro asfalto.

Cuáles son las consecuencias de todo esto? Ya están entre nosotros. Como nos contaba la autora de este genial blog que dejó de publicar porque (por suerte para ella, por desgracia para sus lectores) cambió de trabajo, los códigos de procedimientos para garantizar la seguridad de los empleados de muchas corporaciones, llegan a los extremos de proveer solo tijeras de puntas redondeadas (sí, como las de los niños):

Unos 40 ¡Alerta! más tarde ya dejo de contarlos y empiezo a sentir que trabajar así es totalmente normal. Tampoco me doy cuenta el grado de fragilidad de muchos de mis compañeros de trabajo. Desesperados ante la posibilidad inminente de un traspié o un corte con papel. Sumidos en su constante análisis mental de las situaciones cotidianas. «Cómo enviar un fax sin que la ropa se te atasque y termines desnudo frente a la máquina». «Paso a paso para doblar llevar carpetas sin tropezarse y terminar con 6 puntos en la frente, o bien con daños cerebrales irreversibles». «Cómo subirse al ascensor sin que te quede la mano afuera»

¿Entonces? ¿Cómo no ponerme contenta por ver niños con cuchillos? Niños que puedan cortarse un poco una yema porque seguramente se la seguirán cortando por el resto de su vida, o que se quemen un poco al distraerse con la sartén. De la misma manera que me pone contenta que desarmen cosas, quieran aprender a soldar o a serrar. Porque el entusiasmo de aprender haciendo supera enormemente el temor a equivocarse.

«Por qué me gusta MasterChef Junior» recibió 13 desde que se publicó el martes 7 de enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Litox dice:

    Y Han disparó primero! Tenía que decirlo 🙂

  2. Ale dice:

    A la hoguera!! Que crees que esto! Los ”60s? A patinar con casco y sobre el pasto!

  3. carolamala dice:

    Tan genia sos

  4. Clari dice:

    Síii, por eso yo me niego a comprarle un vasito involcable para Isabel. Que sepa que el agua moja (!)

  5. Fernando Palma dice:

    Quisiera compartir una pequeña experiencia personal: Mi hija, que ahora tiene 14 años, era (y es) muuuy inquieta, buscando explorar y conocer su entorno; al principio, su madre me manejaba alterado y siempre en estado de alerta máxima con la cantinela “cuidado con la niña, que no se accidente la niña”, etc. Por salud mental, comencé a preguntarle: “¿Corre sangre?”, y como me respondía “No”, le replicaba “entonces no hay problema”, y mi hija feliz jugando y conociendo el mundo.

    Dos o tres veces, efectivamente corrió sangre (literal y abundante), y la visita a Urgencias fue rauda (calmado pero no irresponsable). Mi hija sigue explorando el mundo y aprendiendo cada día más, ganando confianza en sí misma y relacionándose en forma igualitaria con sus prójimos.

    Moraleja: Nuestros hij@s, en tanto pequeñ@s, deben tener la capacidad de experimentar y conocer el mundo por sí mismos; l@s padres/madres debemos simplemente estar tras bambalinas, y aparecer sólo si ell@s no pueden resolver el embrollo por sí mism@s. Sí, sé que es obvio, pero lo obvio siempre se olvida.

  6. Marian dice:

    El tema esta buenísimo Caro! Porque nos hace pensar en todo ese mundo paralelo que tiene que ver con el mercado de los productos para la “seguridad” de los chicos. Algunos hasta se han transformado en obligatorios, como los asientos para el auto. Cuando pienso cómo viajábamos a la costa en un Fiat 600 mi hermana y yo cuando eramos pequeñitas, no sé si me da risa o espanto! O las mamaderas sin bisfenol A, para incorporar además todo ese otro mundo del consumo con “conciencia”. O el “no le des gluten” antes del año!”. Estamos rodeados! Quiero decir que, más alla de las neurosis más o menos graves de cada madre, este mercado de la seguridad de nuestro niños a veces nos paranoiquea, sin dudas, hasta el ridiculo.

    • Efectivamente es así. La «seguridad» es un gran mercado pero la gran pérdida no es el dinero que gastamos sino la autonomía y la responsabilidad personal.
      Otro gran tema son los viajes!!!! ya escribiré algún día sobre esos viajes en Renault 4 a Brasil de familias enteras (con mucho más que una persona por cada cinturón). No, eso no creo que tengamos que estimularlo 🙂

  7. Ale dice:

    Se que ya pasaste del tema, peroayer no pude dejar de recordar el post cuando participamos a otra gente de anécdotas familiares. Todas de nuestros findes de semana en la casa del Tigre. Todas incluían una desproporción de accidentes que se auto-sanaban o se remendaban. He aquí el mtivo de mis multiples cicatrices! El lema era: mejor lastimate un domingo porque si te pasa algo un viernes, no vamos a volver antes por eso!

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  1. […] practican como hobby, un instrumento de expresión libertaria que da vuelta al discurso oficial, dotándolos del coraje necesario para tomar las riendas de la producción de seguridad física como movimiento […]

  2. […] Tal como reflexionaba Caro hace unos días, la autora se dio cuenta de la importancia de alentar a los niños a participar en la cocina a la hora de preparar la comida, con lo que el comer deja de ser un acto pasivo en el que el adulto alimenta al niño y se convierte en una recompensa a un esfuerzo productivo y creativo: […]

  3. […] idea» son la continuación de la mala costumbre de nuestra generación de pasarse tres pueblos con eso de que los niños no sufran y que no les falte de nada. Se ha llegado a que no se les prohíbe, sino que se negocia, a que no […]

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