Carolina Ruggero

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Mi adorada media res

Coca Sarli_CarneCreo que cualquiera tiene derecho a comer lo que le haga bien. A mí, personalmente me gusta que la comida me haga bien impactando en todos mis sentidos y se traduzca en una sensación de bienestar.

Comer o no animales es una decisión personal y existen muchas variantes con respecto a la postura de no hacerlo. Algunas, aunque no las comparta, entrañan actitudes en relación a distintas cuestiones: la salud, el mercado, la mercantilización de seres vivos o el maltrato animal. Otras, sencillamente son traducciones de conflictos con la comensalidad, que encontrarían mejor lugar en la terapia.

Lo repito, es mi postura y por eso puedo compartir mesa con cualquier persona, sin importarme sus creencias en materia alimentaria. Porque en realidad, lo que de verdad me molesta es el autoritarismo: la cara de asco de alguien frente a lo que te estás por comer y que encuentra a su mayor exponente en el evangelizador vegano.

No se si está relacionado con esto o no, pero noto que la “sensibilidad” frente a la muerte animal se está pasando de la raya.

Recuerdo que la primera vez que comí pavo, como donde me crié no era una comida de todos los días, me contaron que era el animal con el que había estado jugando hace dos días. Si, me dio impresión durante un rato y seguí comiendo. Supongo que me habrán dicho que era como con las vacas y los pollos, con los cuales me alimentaba cotidianamente.

Por eso fue mi sorpresa, cuando hace unas semanas una amiga, que había descubierto una rata en la casa a la que se acababa de mudar con un bebé recién nacido, le explica a su otro hijo de 3 años que había que “ayudar al ratoncito a volver a la casa”, en vez de contarle que se encontraban a la caza desesperada de una rata a la que se le deseaba la muerte por el bien de toda la familia. Y todo a riesgo de que el niño se comiera el veneno por no entender de qué se trataba.

Cristina_CarneNo entiendo cuándo empezó a ser conflictivo explicar que algunas personas comemos animales, matamos a otros para protegernos y alimentamos a otros porque o nos servimos de ellos o nos gustan de mascotas.

Por suerte en la parrilla de la casa de mi amiga se estaba haciendo un rico asado y la rata no fue invitada.

«Mi adorada media res» recibió 8 desde que se publicó el sábado 2 de febrero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Aleix dice:

    Hola Carolina,

    1) La decisión no es tan simple como comer o no comer animales. El mundo no se divide entre veganos “que encontrarían mejor lugar en la terapia” y gente normal. Cada persona traza una compleja línea que separa lo comible de lo no comible.¿Comerías perros? ¿Que razones de peso tienes para no hacerlo? ¿Tus razones para no comer perro son mejores -ni siquiera distintas- de las de un vegetariano para no comer cerdo? ¿Estás segura que “no compartes” ninguna razón con ellos?

    2) Creo que esconder el verdadero trato a los animales no es patrimonio de los vegetarianos y veganos, sino todo lo contrario. Toda la producción cultural dirigida al mundo infantil pasa por alto la realidad carnívora, y presenta a los animales como seres super sensibles y adorables -rozando lo cursi y ridículo- que se defienden a capa y espada e ignora absolutamente el trato real al que están sometidos en buena parte. Precisamente, buena parte del mensaje animalista se basa en presentar la cara escondida de nuestra alimentación, como en el caso de tu pavo, sin rodeos.

    • 1) Intenté decir eso aunque seguramente no lo logré. Intentaba explicar que valoro que cada uno haga la experiencia que le plazca. Yo, por ejemplo, no como pescado, no importa por qué, porque lo que creo importa es que me da lo mismo que alguien lo coma o no.
      Ah y no, no me da impresión que haya gente que coma perros aunque yo no sepa como prepararlo ni esté por ensayarlo mañana. Por qué? porque no ha formado parte de mi cultura.
      Ah, y tampoco, no se a qué te refieres con normalidad. Yo no se lo que es.

      2) Con el ejemplo de la rata, trataba de explicar eso, que precisamente no es patrimonio de vegetarianos, si no de no poder manifestar claramente cuál es tu postura respecto de la muerte animal en diferentes casos.

  2. Aleix dice:

    Hola Carolina,

    1) Yo entendí que no compartías las razones de la mitad de los vegetarianos, y que considerabas que la otra mitad, simplemente, necesitaba terapia. Bueno, en realidad es lo que dice tu primer post 🙂

    “Algunas, aunque no las comparta, entrañan actitudes en relación a distintas cuestiones: la salud, el mercado, la mercantilización de seres vivos o el maltrato animal. Otras, sencillamente son traducciones de conflictos con la comensalidad, que encontrarían mejor lugar en la terapia.”

    Yo puse el ejemplo (absurdo) del perro para señalar que, en realidad, todos ponemos límites a nuestra dieta y que la división entre vegetarianos y el resto no es tan evidente. Que no hay dos grupos de personas (por eso hablaba de normalidad). Simplemente hay líneas que de manera personal trazamos más o menos lejos.

    2) Creo que estamos de acuerdo en que existe un ocultamiento de la muerte animal en el universo infantil. No tengo explicación para ello, pero me gusta plantearlo entre comensales, sin que esto me convierta necesariamente en un “evangelizador vegano” 🙂

    Saludos,

  3. Creo que causa conflicto el que hable de problemas con la comensalidad. Me refiero a personas que en realidad tienen problemas con la comida, como puede ser la anorexia, o algún trauma producto de cuestiones relacionadas, que se disfrazan de vegetarianismo u alguna otra privación voluntaria. Lo dije porque conozco de cerca más de un caso, que luego de una terapia, volvieron a comer de todo. Pero no, no creo que sean la mitad.
    Con respecto a que no comparta ciertos principios, solo quise decir eso, que no los comparto. Eso no quiere decir que esté en contra. Me da igual.
    Si yo no puedo dar cátedras de mi desorganizada dieta… Solo estoy harta de ciertas personas que presumen de superioridad moral por lo que comen.
    Y claro, de esa hipocresía “Bambi” para con los niños mientras estás esperando que se cocine el asado (el cual yo disfruto y eso quedó claro 🙂 )

  4. Nicolas dice:

    También hay que incluir la influencia de la legislación en el tema del consumo de carne. No todos los animales, por mas sabrosos y deliciosos que puedan ser, son comestibles como bien lo sabe Meiwes. Por mi parte, no vería mal que el INCUCAI celebre acuerdos con el Mercado de Liniers.

  5. Al menos yo, distingo bastante bien entre animales y seres humanos

  6. La cuestión Caro es que para la Teología protestante, ligada al «morir bello» porque la resurrección será del cuerpo «tal cual lo dejes al morir», la comensalidad es un fenómeno religioso y claro… produce reacciones semejantes y la expectativa inmediata de la antropofagia (a fin de cuentas el cristianismo centra su raíz en la teoafagia de un Dios-Hombre). Vamos, que bienvenida a la cultura de la descomposición! 🙂

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