El turista de la vida anodina

      36 comentarios en El turista de la vida anodina

Epcot world showcase
Cuando era adolescente salté por primera vez de hemisferio. Como ya comenté en otras oportunidades, mi parentela se expandía por una extensa geografía, y la política económica argentina facilitó el que hiciésemos un viaje de gira de reconocimiento parental a Estados Unidos.

Terminando el emotivo tour, hicimos una última escala en Florida. Allí visitamos Epcot Center, donde además de disfrutar las atracciones «futuristas», me quedé con la boca abierta con las reproducciones de edificios emblemáticos de distintas latitudes. En una horita conocí desde la Torre Eiffel a la Pirámide de Chichen Itza, pasando por templos chinos y japoneses y paisajes marroquíes e italianos.

Al regresar a Buenos Aires me divertí engañando durante un rato a los desprevenidos, mostrándoles las fotos y haciéndoles creer que había dado la vuelta al mundo. Luego enseñaba una imagen tomada desde el lago alrededor del cual se ubican las distintas escenografías, evidenciando que estaban una al lado de la otra.

Por esa misma época comencé a descubrir lo que significa el turismo para una importante porción de clase media periférica: dormir en camas mejores que las de casa, tener habitaciones mejor decoradas, comer en lugares más lindos que los del barrio, conducir mejores coches. Eso eran las vacaciones, un viaje al confort.

Por suerte, en una rama de mi familia, el aprender a viajar en cualquier condición viene prácticamente con el ADN. Desde chica me explicaron que gastar dinero en viajar era invertir para aprender a conocer lugares y gente distinta. La diferencia es la de querer conocer lo diferente con hambre en ojos, nariz y oídos, o buscar una experiencia controlada.

La exigencia de la transparencia y la opción por la esclavitud

dbnews_Transparencia_3El mes pasado Juan nos hablaba de la sensación que le producía un discurso sin tartamudeos, liso, sin matices, e hizo referencia a Byung-Chul Han y su definición de que la sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual.

Han, además, haciendo referencia a la dialéctica del amo y del esclavo, dice que «el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento» a cambio de un modo de vida escasamente interesante, «la mera vida, frente a la buena vida»:

A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad.

El discurso de la transparencia conlleva de esta manera no solo la falta de sorpresas respecto del otro y lo otro, sino también frente a las propias experiencias íntimas, redundando en una experiencia vital abúlica.

La turistificación

También el mes pasado, Alberto nos hizo referencia a un artículo de Niccolò Viviani, dirigido a los millennials, en el que arranca diciendo:

Somos una generación de esclavos felices… somos perezosos, vacíos, descompuestos, irresponsables, irrespetuosos. No sabemos sufrir, no sabemos lo que significa sudar y ganar cosas, no queremos crecer y asumir responsabilidad… la causa de esto es que fuimos criados en un zoológico. Nos educaron en una prisión feliz, una burbuja que nos ha protegido de la vida real, el dolor, la fatiga, el compromiso, la necesidad, la incertidumbre, la ambigüedad…

En otras palabras, Viviani nos describe el recorrido desde la primera indicación de no poner la mano en la estufa hasta la universidad y el trabajo, a través del cual aprendemos las claves para que todo ocurra sin el menor estrés, hasta llegar a ese final feliz llamado jubilación.

Además, en el artículo Viviani retoma un concepto de Nassim Taleb: La Turistificación. tourists_native_performers

Se trata de la eliminación sistemática de la incertidumbre y la aleatoriedad de las cosas, tratando de hacer todo muy predecible en sus más pequeños detalles. Todo eso por el bien de la comodidad, la conveniencia y la eficiencia

El turista, en contraposición al viajero de Benjamin que disfruta en ese espacio inmenso y enmarañado que es la vida, busca un viaje seguro y predecible: transparente.
Spain Financial Crisis

El turista sólo tiene que seguir el camino común y eficiente, y su propósito es tomar una selfie en los lugares más populares para mostrar al mundo dónde estuvo.

No vive el viaje, sólo piensa en cómo lo mostrará, cuando vuelva, a sus amigos.

Todos tendemos a reducir los espacios de incertidumbre, es normal, lo hacemos para no volvernos locos. Pero hubo un momento en que este instinto de supervivencia se amplificó, negando prácticamente la posibilidad de toda experiencia auténtica.

No se puede crecer y madurar de manera controlada, sin incertidumbre. La experiencia vital sin elecciones y posibilidades de pérdida es una vida en la que no interviene el deseo. No es posible aprender de manera predecible porque tampoco existe la pasión sin incógnitas, porque ahí radica el espíritu de la aventura.

Con temor a temer o a elegir, se opta por la no-libertad y se confunde el turismo con la experiencia. Así, una pasantía de dos semanas se convierte en una experiencia laboral, un viaje de estudios en la aventura de educarse trasnacionalmente, concurrir a una fiesta de masas homogéneas en Plaza Sol/Vodafone en participar de una revolución…

Así, todo se reduce a…

JuniorAchievment
Así todo se reduce a una experiencia lo suficientemente controlada como para poder experimentar la sensación de la euforia que produce la novedad sin la responsabilidad que conlleva lo desconocido. La posibilidad de construir el relato de uno mismo sin el dedicado trabajo que conlleva la construcción de una biografía.

Un aprendizaje epidérmico. El empoderamiento en falso que todo lo que permite es optar por no ser libre.

36 pensamientos en “El turista de la vida anodina

    1. David de Ugarte

      Es verdad Juan!! Caro da en el centro de lo que el conservadurismo significa hoy: nada hay más típico del pensamiento y el modo de vida conservador que tratar de edulcorar la experiencia y reducir el mundo a lo controlable, a lo predecible, para que «los chicos» no sufran la angustia de la incertidumbre… modo infalible de que sigan siendo «chicos», es decir, que no puedan elevarse sobre su propia época sino solo vivir en una especie de parque temático de las generaciones anteriores. Así es como se generan certidumbres que solo son tales en una vida «de juguete», en una maqueta que, como todas las maquetas, no es sino simulación y en el mejor de los casos «espectáculo».

  1. Natalia Fernández

    Sin aliento de principio a fin. Desde este post se puede entender la evolución de los sistemas de enseñanza, del mundo del emprendimiento, de la gestión empresarial, los nuevos marcos políticos… Cuando dices que «La experiencia vital sin elecciones y posibilidades de pérdida» volví a ver a Miyazaki 😀

    1. Carolina Ruggero Autor

      Claro! sería un lindo post 🙂
      El de hoy tiene más que ver con que la experiencia turística no solo se asocia a las vacaciones, sino también a lo que se supone es el mundo del trabajo o la educación; en una sociedad de estrés controlado

  2. Cristina

    Muy acertado, CarOlina. Me he encontrado mucha “Cooperacificación” para el Desarrollo en algunos de nuestros viajes a terreno. Personas que se fotografían a los pies de un campo de refugiados luciendo sonrisa como si estuviesen posando delante de la Eiffel , fotoreporteros intrépidos que escriben crónicas a partir de un rumor que han escuchado en la peluquería del hotel, entusiasmados porque abrirán portada del diario de su pueblo…y media pandilla lo llamará “valiente” en su muro.

  3. María

    Es un temazo! Los mecanismos «turistificadores» en la educación y la preparación para la vida laboral se hicieron con el miedo como motor, el miedo a que nuestros niños sufran en el mundo real a través de la mentira de que así entran en él más preparados y más «poco a poco».

    Y es justo al revés. Como decían las abuelas: «Más vale rojo un día que cien amarillo». Cuanto antes mejor.

  4. Alan

    Guau, clap clap clap, excelente post Caro, me encantó! Cuántas cosas me pasan por la cabeza, desde Truman Show hasta el Mundo Feliz de Huxley, vaya pedazo de concepto clave. Y es que de hecho esa mentalidad es exactamente la que lleva a la gente a clamar a gritos por la planificación central y de ahí se desliza todo por un tobogán de agua al camino de la servidumbre. Y por supuesto, en la raíz de todo se huele el platonismo más puro y más duro, esa búsqueda de la “experiencia perfecta” que todo lo pule, lo alisa, lo allana y lo destruye. Es la sensación que me invadía en Dubai, de estar preso en una especie de shopping mall gigante, de realidad aire-acondicionada que te va secando el alma más rápido que lo que el sol incandescente te secaba el cuerpo…

      1. berna

        No, si no lo tomé personal. Sí como parte de una humanidad bastante zombie, si se me permite el infantilismo.
        Y lo de las masas, lo charlamos 😉

  5. daniel

    Hay algo aquí… por un lado, la sobreprotección de los hijos de la clase media recién llegada a esa posición, y por otro el abandono de críos en las barriadas lumpen que rodean nuestras ciudades. La derivada de todo esto, que era típica de las imágenes que nos llegan de Argentina o Brasil, ya nos habita hace tiempo. Eso alimenta también la servdumbre voluntaria. La de los protegidos, que reclaman protección (y eso lo vamos a ver en nada) y la de los abandonados, que con una rentita básica ya les vale… con lo que eso conlleva de dependencia de quien o qué la paga. Unos viven experiencias mediadas y protegidas, otros habitan reservas indígenas.

    1. Carolina Ruggero Autor

      Absolutamente de acuerdo. El camino del crecimiento no es el mismo para todos, aunque la responsabilidad y la falta de ella está en el fondo en todos los casos. Algún día tendré que escribir sobre lo que sucede con los jóvenes criados en barrios marginales y sus «códigos».
      También me fascina algo que leí hace poco relacionado con un dispositivo de dominación estatal sobre los sectores populares: la espera.

  6. Ale

    Sin palabras. No quiero ni arrimarme a la relacion con el dia a dia pero para turista, desde hace un par de anios que deje, o intente dejar al menos, la superexposicion previa y el viaje previo al viaje. El hagalo usted mismo para el turista es un mata expresiones y aunque siempre escucho recomendaciones ya no voy a ningun lado solo por tener la foto…y esto si ya es del dia a dia. Gracias Caro, siempre un lujo!
    P.d. Te debo el chivo achhhhRealiaviajesiiiissssss

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  8. daniel

    No sé si hasta allá arriba llegó la repercusión de los incidentes en el estado de Gran Canaria el domingo pasado por el no ascenso a primera de la UD Las Palmas porque faltando un minuto para el final del partido el campo fue invadido por jóvenes (y no tan jóvenes) a los que se había dejado entrar faltando cinco minutos. La reacción me recordó a las cosas que a veces has compartido sobre Argentina, cambiando “negros” por “matados” (que es nuestro argot local). Lo gracioso para los que vivimos cerca del estadio es que sabemos que no sólo invadieron la cancha a hacer el chorra los “matados” de las barriadas que se habían acercado al estadio a ser parte de la fiesta (que derivó en velatorio)sino niñitos de clase media baja (mis vecinos, vaya)a los que me contsa que no les falta (más bien al contrario) de nada y que era muy difícil distinguir unos de otros. Habría que hablar un día de la cultura “urbana” de los tatuajes, los gimnasios y lo ciclos de esteroides, y como se han vuelto socialmente transversales….

    1. Carolina Ruggero Autor

      Esa cultura urbana se basa en un supuesto código compartido, que no es otra cosa que la veneración de la plata fácil (la que no se hace trabajando o «las dos platas») y la ausencia de la palabra, las dificultades para verbalizar, que es casi lo mismo que la imposibilidad del pensamiento abstracto.

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