Carolina Ruggero

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El primer trabajo

Henri Cartier BressonHace unos años nos encontrábamos en la terraza de los padres de un amigo y, no recuerdo a cuento de qué, mi amigo ironizó con sus padres echándoles en cara que habían tenido hijos sólo para tener a quién pedirle que les vaya a comprar el diario, o que les alcance unos papeles que se habían olvidado en el dormitorio.

Recordé un período en el que odiaba ir a mi hoy lugar favorito porque eso implicaba pasar 48 horas a merced de que me manden a juntar leña o ayudar a limpiar algo que había arruinado la última crecida del río.

“Le Petit Parisien”_ 1952 by  Willy RonisCuando parte de mi familia se mudó a San Luis (y yo con ella), el problema escaló porque incluyó tareas incrementalmente hasta llegar a escabrosas actividades como pelar pollos.

Sin embargo, para esa misma época llegó mi primer trabajo remunerado. Hace tiempo que yo insistía en que me dejen hacer algún trabajo por el que me paguen, pero no me dejaban…

NuecesUn día mi mamá me dijo que el señor que vendía frutas secas cerca de casa, tenía un cartelito buscando a alguien para hacer un trabajo y que, si quería, podíamos ir. Tenía 11 o 12 años y estaba súper emocionada. Fuimos a ver al buen hombre, mi mamá habló por mí y luego el señor me dijo que el trabajo consistía en pelar nueces y me explicó cómo hacerlo para que no se rompan. Así que marchamos con una bolsa de 10 kilos para casa y pasé una semana partiendo nueces con un martillo. De a ratos la familia me ayudaba y la bolsa disminuía… hasta que pude regresar a lo del vendedor de frutas secas con una bolsita, notablemente más chica y más liviana, y cobrar mi paga, la primera de mi vida.

simulcop1Yo ya sabía qué quería comprarme con esos pocos Australes (sí, eran Australes y no Pesos en ese momento): ¡un Simulcop!

El Simulcop era un cuadernito con dibujos hechos sobre hojas de papel manteca desde las cuales, pasando tu lápiz por arriba, podías transferir a tu cuaderno escolar. Así, la cara de San Martín o el sistema sanguíneo te salían perfectamente bien.

La decisión era ridícula, pero bueno, yo quería un Simulcop y en mi casa no me lo compraban y las posibilidades de inversión no eran muchas con ese capital. Sin embargo, ese día pasaron unos amigos de visita y, cuando respondí a la pregunta sobre qué me iba a comprar con mi paga, la amiga de mi mamá se enterneció, fue a buscar al auto uno de los Simulcop que había comprado para sus hijos y me lo regaló.

Lo interesante es que no recuerdo qué me compré finalmente, sólo recuerdo aquello por lo que trabajé.

Después de esa experiencia pasaron algunos años hasta mi siguiente trabajo temporal. A partir de los 16 hice cosas como empaquetar aspirinas o hacer encuestas (cosa que alternativamente hice durante muchos años con gran felicidad a veces y profunda depresión otras), también saqué fotocopias, fui secretaria, vendí productos bancarios en dólares para jubilados, vendí apuntes en la Universidad…

Luego, con trabajos menos calificados primero, se empezó a construir eso a lo que llaman perfil profesional.

Nunca se me cruzó por la cabeza la posibilidad de trabajar o no, como así tampoco la idea de que las cosas venían servidas, había que ganárselas. Y lo que más había que ganarse era la posibilidad de tener buenos trabajos, de elegir.

El otro lado

The_office_USEn un momento determinado no sólo ya tenía trabajos en los que aprendía, sino que además pude empezar a decidir con quién trabajar. Al principio no me di cuenta porque las cosas se iban dando de manera natural: se necesitaba complementar un equipo y yo conocía a alguien que podía cumplir con lo que se necesitaba.

Más tarde me tocó hacerme cargo de equipos que ya estaban formados, aprender a buscar cosas positivas de cada uno, a mejorarlos…

Pero hay un momento en el cual la distancia generacional hizo que yo ya no conociera directamente a personas más jóvenes para integrar equipos, empezaron los pedidos de recomendación (con resultados dispares), y un par de años más tarde… los CVs y las entrevistas. Empezó lo difícil. ¿Cómo saber si esa persona va a convertirse en tu par? ¿Si vas a poder tener un vínculo de confianza que haga que no tengas que dar indicaciones y el otro explicaciones? ¿Se puede generar eso con alguien que no conocés? Supongo que es cuestión de suerte.
Dilbert_-_Acorralado_en_una_entrevista_de_trabajo

Sin embargo, lo más difícil no había llegado. La experiencia más fuerte fue europea: jóvenes con frondosos CVs de postgrados sin sentido, sucesivos programas de estudio sin ningún tipo de hilo conductor… y ningún trabajo. No eran tan jóvenes como para no haber trabajado nunca ni tan viejos como para no tener ganas de hacerlo. Chicos sin experiencia que, sin embargo, pensaban que lo merecían todo. Tenían acreditaciones académicas que así lo decían. Me imaginé, que más desesperación sentiría el director de un estudio de abogados al que le llegaba un chico de 27 con 3 postgrados pero que no había litigado nunca, y claro, a los 27 no podés ser el chico de los mandados para empezar a aprender.

placas-y-diplomasMe pregunto por qué no trabajaron antes, por qué no quisieron hacerlo, por qué no se desesperaban por tener su propio dinero. Porque la necesidad de independencia trasciende la necesidad de comer o de superar la pobreza.

¿De qué tipo serán las empresas que creen? ¿Cuáles las motivaciones que los guiarán dirigiendo compañías ajenas? ¿Cómo harán frente a los reveses del mercado o a las consecuencias de haber tomado una mala decisión?

Creo que sabemos las respuestas, pero mientras las observamos, los años que vienen, sólo tengo un humilde mensaje: Señores padres, no le compren el Simulcop a sus hijos.

«El primer trabajo» recibió 11 desde que se publicó el viernes 6 de junio de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. jejejeje…! en muchas ocasiones ese atisbo de deseo de independencia se encuentra con un exceso de proteccionismo en el entorno familiar. La famosa apostilla de «para lo que te van a pagar te lo doy yo y nadie te explota, porque el verdadero trabajo es formarte…» Y entendiendo esa necesidad de proteger, años después y a la vista de los resultados quizá no sea la forma más idónea de contribuir al desarrollo de los chicos. El Simulcop me hubiera encantado 🙂

  2. berna dice:

    Me hiciste escarbar en los recuerdos de mi infancia y la mejor conclusión a la que pude llegar es que te envidio la memoria.

  3. Cuando describes

    jóvenes con frondosos CVs de postgrados sin sentido, sucesivos programas de estudio sin ningún tipo de hilo conductor… y ningún trabajo. No eran tan jóvenes como para no haber trabajado nunca ni tan viejos como para no tener ganas de hacerlo. Chicos sin experiencia que, sin embargo, pensaban que lo merecían todo.

    Creo que reflejas muy bien lo que muchos sentimos cada vez más como una fractura generacional. Ese tipo de expectativas no eran tan comunes en la generación que tenía veinte años cuando la última crisis (1992) y ahora sin embargo parece que se han extendido mucho más allá de los hijos de la élites políticas y económicas. El resultado creo que solo puede ser frustrante. Frustrante para ellos en primer lugar y frustrante para el que está enfrente que se da cuenta de que hay un abismo en el medio y el joven ni se da cuenta de que habría que conversar sobre cómo construir un puente.

    Creo que estabas tú cuando unos chicos de veintimuypocos años del grado Leinn vinieron a una asamblea de gerentes de fábricas industriales, muchas de ellas cooperativas, a ofrecerse para «liderar vuestros proyectos» y contaban que ellos eran «los más indicados porque habían visto mundo». El «mundo» había sido un mes de visitas en grupo repartido entre Finlandia, India y China. Habían pisado una fábrica, claro, pero de visita, y toda la experiencia de trabajo que tenían era «turistificada», es decir poco más que dinámicas de grupo y ejercicios de clase en el Leinn…

    • La experiencia de la vida como una estadía en un parque temático. Por lo menos que el servicio de salud amplíe el alcance de la atención psicológica porque esto va a tener un coste psíquico importante en toda una generación.

  4. Ale dice:

    Muy buen post. Mas alla de seguir develando nuestra infancia me gusta tu mensaje, me adhiero a la recomendación y convivo con la imagen ya no tan europea.

  5. María dice:

    En la generación de mis padres, los que habían ido a la universidad habían encontrado un buen trabajo de forma automática. Claro, eran pocos. Pero esta generación creyó que con mandar a sus hijos a la Uni, estaba todo arreglado y que los chicos tenían que concentrarse en eso, sin distracciones.

    Cuando estuvo claro que eso no era suficiente, empezó la acumulación de masters, postgrados, cursos complementarios etc. A nadie se le ocurría plantarse en la empresa de sus sueños y pedir que le dejaran al menos hacer el café.

    Así se junta el hambre con las ganas de comer. Cuanto mayor eres y más títulos acumulas más te cuesta entender que para saber lo que cuestan las cosas y ser un buen profesional en cualquier ámbito, hay que empezar desde abajo aunque sea pelando patatas o lavando coches. Porque en la uni te enseñan procedures y conocimiento acumulado, pero a lidiar con clientes, proveedores, jefes y equipos solo se aprende haciendo y arriesgando.

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