Carolina Ruggero

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El mal del sauce

delta-del-tigreLos deltas son accidentes geográficos formados en la desembocadura de un río por los sedimentos fluviales que ahí se depositan. El delta más conocido es el del río Nilo y de él proviene el nombre dado a estas formaciones, dado que la desembocadura del Nilo se extiende por una región de forma triangular, asemejándose a la forma de la letra griega delta (Δ), por la cual se supone que Heródoto le dio ese nombre.

Existen varios deltas en el planeta, como el del Ganges, el del Amazonas o el del Ebro. Yo solo conozco dos, y uno es de los lugares que más me emocionan en este mundo: el Delta del Paraná, específicamente el último tramo de su desembocadura en el Río de la Plata, ajustando más, la primera sección de islas, perteneciente al municipio de Tigre.

Hasta el siglo XVI este delta estaba habitado por los canoeros chanás, un pueblo con un fuerte influjo cultural guaraní. A partir del siglo XVIII y especialmente durante el siglo XIX la zona fue nombrada popularmente como «La Matrería» o «País de los matreros», porque servía como refugio de gauchos perseguidos y bandidos rurales.

Los primeros proyectos de una modernización de la zona fueron encabezados por Domingo Faustino Sarmiento, quien se instaló en una isla para comprobar el potencial económico de la región.

Desde mediados del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, el Delta recibió una población importante de inmigrantes europeos, lo cual favoreció la producción frutícola que comenzó a comercializarse a través del Puerto de Frutos, en Tigre. La producción incluía sobre todo cítricos y duraznos. Paralelamente, también gana terreno en la zona la producción forestal, la cual continúa actualmente mientras que la de frutales decayó por perder competitividad frente a nuevas zonas de producción frutícola y por las importantes crecidas del Río Paraná.

Recreo TigreEn esa misma época comenzaron la actividad clubes de remo, y un poco después resplandece como lugar turístico, con el florecimiento de recreos y hosterías, codiciados por miles de porteños los fines de semana. La actividad turística entra en decadencia hacia la década de los 70, al mismo tiempo que entro yo en esta historia.

Se dice que la primera vez que fui al Tigre no había cumplido el año, y hay fotos que me muestran envuelta en una sábana, con chupete, durmiendo en una hamaca paraguaya.

Ya mi madre se había estrenado en las islas a la edad de tres años, porque mis abuelos, como otros muchos inmigrantes, eligieron a las islas del Tigre como lugar de fin de semana.

Casa-en-las-Islas-del-Tigre-Islas-del-TigrePasé en una típica casa isleña, situada en el Arrollo Caraguatá, infinidad de fines de semana y vacaciones, en invierno o en verano. La mayor parte de las veces partíamos desde la estación fluvial de Tigre, donde nos subíamos a una lancha colectiva pertrechados de víveres, incluidos combustible, agua potable y barras de hielo. La lancha partía con decenas de heladeritas conservadoras, bidones de agua, bolsos, diarios, mascotas y cualquier cosa que los pasajeros precisaran transportar. Si algo se olvidaba o era necesario comprarlo a último momento, ya pasaría la lancha almacén por nuestro muelle…

Al llegar, la primera consigna/orden era subir rápidamente las escaleras de la casa (son todas en alto, por las crecidas de los ríos) para sacarnos la ropa de ciudad y ponernos «la ropa del Tigre», que eran, ni más ni menos, que aquellas prendas desteñidas, pasadas de moda o con pequeños agujeros que, en otras circunstancias, se hubieran tirado a la basura.

Estacion fluvialY así, mal combinados y con ojotas o botas de goma (dependiendo de la estación), nos convertíamos en seres libres de optar si las próximas horas las dedicaríamos a la exploración, a pescar, a nadar en el río, a escondernos en alguna casa abandonada de la isla a investigar, a construir estructuras de caña y barro, o simplemente, a sentarnos en algún muelle o puente a conversar.

TigreEn la casa no había electricidad ni teléfono. Salvo excepciones, todo se cocinaba a la parrilla. Las isla todavía conservaban varios frutales, e incluso los canales artificiales que se habían utilizado en el pasado para transportar las frutas hasta el arroyo principal más cercano. Los adultos se las pasaban arreglando cosas, tomando sol o jugando al truco; y los niños de varias casas a la redonda, nos autogestionábamos sin importar quién correspondía a qué familia, hasta el momento en que había que volver a la ciudad.

Muchos años después volví al tigre, pero ya mi familia no tenía una casa allí, y empecé a remar. Fue un poco de casualidad, pero varios amigos empezamos a aprender a remar y descubrimos que era una excelente manera de hacer deporte paseando por esos arroyos y canales, que al menos a mí, me alegran la vida. Fue en ese momento que me enteré de la existencia de una mítica enfermedad local: «El Mal del Sauce», de la cual se dice te ataca cuando te sentás abajo de un sauce a mirar el río y ya no podés hacer otra cosa, no te podés ir. Muchos adjudican a este mal el que el Tigre se siga poblando.

DSC03238Vuelvo al Tigre cada vez que puedo, me hago invitar a lo de algún amigo que tenga casa, voy a remar, o me tomo una lancha colectiva sin destino. Además, desde hace varios años pienso en proyectos que puedan vincular a las Islas con lo que estoy haciendo en ese momento (y se me ha ocurrido alguno muy bueno, aunque no llegó a concretarse), es mi forma de combatir la idea de que en realidad, lo que me pasa es que tengo el «Mal del Sauce».

«El mal del sauce» recibió 15 desde que se publicó el viernes 14 de marzo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carolina Ruggero.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. María dice:

    Que bueno Caro! Me encantó. No sabía del «Mal del Sauce» ni que fue el país de los matreros. Desde luego es un sitio mágico 🙂

  2. Eze dice:

    Nada hace mejor que el mal del sauce.
    Buena luna llena Caro!

  3. Ale dice:

    Piel de pollo… O mal del sauce

  4. Berna dice:

    Fantástico!

  5. Gkoria dice:

    Hola Carolina, justo he vuelto después de varios años, este fin de semana con mi marido y mis tres niños pequeños al que …un día fue la quinta de mis tatarabuelos en una isla del delta, a la casa de 110añis, llena de historias, de recuerdos de mi niñez, hay fotos, objetos de esanepoca.me volví loca de volver, muy entusiasmada con ese lugar lleno de magia, de tanto aire puro, tanta naturaleza verde y sus flores tan perfumadas, creo q es un lugar único en el mundo, me encantaría poder hacer un documental, escribir algo acerca de los pioneros de esas tierras. Gracias, gloria

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  2. […] un período en el que odiaba ir a mi hoy lugar favorito porque eso implicaba pasar 48 horas a merced de que me manden a juntar leña o ayudar a limpiar […]

  3. […] no supiera nadar hizo que sus cinco hijos aprendiéramos cuatro estilos antes de los tres años. Del Tigre ya les hablé, del Azul Profundo también; de amaneceres y atardeceres playeros (dependiendo de la costa) tenemos […]

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