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Abundancia para una vida interesante

Philidor jugando a la ciega en Londres 1793Dentro de pocos días abrirá sus puertas el Club Matador. Con 100 socios fundacionales, una biblioteca negra, restaurante con menú ejecutivo y bodega de ediciones limitadas.

En principio no contará con colección de arte propia, sino que una curadora seleccionará entre las colecciones privadas de los socios.

Si bien sus creadores hacen referencia a los antiguos clubs ingleses, en ningún momento se habla de vinculaciones a redes de clubes, ni a qué tipo de relaciones se esperan propiciar.

Lo exclusivo de la propuesta sorprende ya que sus creadores se enorgullecen de que la revista que precede al club tenga escasa presencia en Internet y no busque una afinidad entre los socios como base para hacer negocios, ni siquiera que puedan desarrollar entre sí una determinada especialización, sino cuestiones que en el siglo XXI solo están restringidas si hacemos un esfuerzo por confinarlas entre cuatro paredes: las artes plásticas, la gastronomía, la literatura…

Desde mi punto de vista, hoy no puede ser interesante un club de cine, arte, literatura o gastronomía que base su atractivo en la [[escasez]]. La clave de lo interesante está en otro lado: en eso que [[Juan]] define como el par diversidad/rebeldía.

Y es que lo interesante busca la [[abundancia]], por ejemplo abriendo las puertas de esas colecciones privadas de arte al público general, invirtiendo en plataformas de música o escritura colaborativa o incluso constituyendo un club de nuevos mecenas que cambien relaciones por obra. Si me pidieran un aporte en el Club Matador, les sugeriría mapear la inmensa red de vínculos alrededor del mundo que seguramente podrían construir esos 100 socios, no para invitarlos alternativamente al salón del Club, sino para hacer alguna cosa provocativa, por chiquita que sea, en varias ciudades a la vez…

Si pensamos en ese gran club en red que configuran los más de mil hackerspaces que funcionan en todo el mundo, saltan a la vista las restricciones que un club exclusivo de nuevo cuño tiene respecto de estos espacios donde también se comparten intereses. Ciencia, tecnología y aprendizaje colaborativo son el común denominador de estos lugares abiertos en los cuales se comparten saberes y se genera conocimiento.

Los creadores de [[escasez|espacios sociales exclusivos]] aspiran a inventarse una historia para poder ser dentro de 50 años un club tradicional. Es un error. En  50 años se hablará mucho más de estos extraños talleres, que se comunicaban entre sí y que se abrían a explorar y a compartir; muchas figuras seguramente surgirán de ellos y muchos relatos los tendrán como telón de fondo. Dentro de 50 años un joven inquieto deseará haber sido parte de los hackerspaces de los años 10’s y no de un club premium.

Carolina Ruggero, socióloga y experta en políticas públicas