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Ayer murió en New York mi tío Joe, Onkel Joe o Hans, dependiendo el momento de su vida. Era el último de los 4 hermanos Rosenthal que quedaba vivo, de los hermanos de mi abuela.
Con él se fueron, además de los recuerdos de la diáspora, de los relatos de cuando viajar para volver a verse era tremendamente largo y costoso; la tradición familiar de tener seres queridos a los que no conocías, de quienes recibías cartas y obsequios, a quienes les contabas que habías pasado de grado y les enviabas fotos porque las suyas estaban en tu aparador. Mi familia distribuida.

Carolina Ruggero, socióloga y experta en políticas públicas