La Pradera del Silicio

Catchfire
Hace un par de meses hablábamos de cuánto nos había gustado la serie «Silicon Valley», de cómo nos hizo reír con su parodia startupera y nos abría la puerta a pensar en ese ejército industrial de reserva que prueba suerte en el Valle del Silicio.

halt-and-catch-fire-season-1-Inmediatamente después de ver esta serie, comenzamos con otra también dedicada al mundo informático, aunque esta vez centrada en el hardware: «Halt and Catch Fire».

En este caso la serie está ambientada en el Silicon Prairie de Texas en 1983, en el desafío de competir con IBM, en la carrera por demostrar que podía haber un ordenador personal en cada hogar.

Hello I am MacLa verdad es que la serie está muy bien, nos cuenta sobre la visión tecnológica de la época, sobre los paradigmas en disputa… y también nos muestra un precioso mapa de personalidades involucradas en los proyectos en ese momento, cabezas que se combinan para sacar un producto adelante, motivaciones diferentes pero con el común denominador de creer que algo tiene que salir bien. Ingenieros, freakies, programadores, vendedores, gerentes tradicionales reconvertidos… todos hackers en lo suyo.

31-halt-and-catch-firePero además de sumergirnos en las tendencias de hardware y software de la época, de contarnos cuánto son capaces de trabajar los protagonistas, en lo que nos sumerge la película es en una obsesión por el futuro, por lo que viene después y, sobre todas las cosas, nos sumerge en un mundo donde lo que prevalece es el riesgo y la responsabilidad personal, donde lo que está en juego es la reputación o el patrimonio propio, donde no se trata de hacer una buena presentación para conseguir capitalización y comenzar a desarrollar, se trata de vender y de jugarse todo para eso. Porque si no vendes, no importa cuán listo eres; si nadie compra lo que haces, para ti ya no hay futuro.

Al agua

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¿Vamos a tomar mate al río? ¿Vamos a ver el amanecer a la playa? ¿Vamos a la costanera que corre más aire?

Ir a ver agua, ir a aprovecharse de su fresco, ir a hipnotizarse con su fluir. Convertirla en paisaje y en escenario. Sumergirse, sobrevolarla, saber que está.

Sabemos que el agua es importante para que broten semillas de la tierra y para que se establezcan puertos. Sabemos que hay tantas bellas ciudades al lado del agua por esa razón.

Pero qué nos hace ir a buscar el agua? ¿Es solo un poco de fresco?

PortmanAprendí a nadar de muy pequeña, creo que el hecho de que mi papá no supiera nadar hizo que sus cinco hijos aprendiéramos cuatro estilos antes de los tres años. Del Tigre ya les hablé, del Azul Profundo también; de amaneceres y atardeceres playeros (dependiendo de la costa) tenemos historias todos.

Podría completar con esos lagos patagónicos que te quitan el aliento, o esos balnearios de río siempre acompañados de asado y Fernet.

RioCosquin

La primera vez que sentí la sequía fue un verano en San Juan. Íbamos a un congreso de sociología y teníamos muchas ganas de divertirnos. Los 1.400 kilómetros de viaje habían sido buenos, el cielo era azul, la ciudad era bonita. Nos habíamos escapado varios de los cierres de lista de las elecciones de la facultad y en un intervalo para los sectarismos, lo que hoy llamarían «la casta» de distintas agrupaciones, estábamos encantados de estar juntos y lejos de Buenos Aires.

La cuestión es que después de unas horas de estar disfrutando del estar lejos, vimos el agua que corría por las acequias y nos dimos cuenta de que no había dónde ir a disfrutarla: había sol, hacía calor, no era Buenos Aires… ¿a dónde están el agua y los chiringuitos? Estaban lejos, pero existía un dique… había que llegar allí. Fuimos.

dique-cuesta-vientoAños más tarde tendría la suerte de volver a esa provincia y conocer uno de los lugares más lindos que me tocó conocer: otro dique, uno que había sido construido en el medio del desierto, convirtiendo a ese pedazo de desierto entre montañas en el paraíso del windsurf y de las semanas santas con amigos.

Alguna vez más sentí la sequía en medio de algún viaje, pero sabía que íbamos hacia el agua.

En Madrid no, en Madrid se siente la sequía. El cielo es azul, la ciudad es bonita, el verano es intenso, muy intenso… y no hay dónde ir a remojarse. Peor, no hay a donde ir a ver agua…

Peru_BeachEstudié materias enteras mirando el Río de la Plata, escuché y conté las cosas más alegres y más dolorosas mirando ese río Marrón. Bailé y me emborraché en la playa, miré pasar el río con amigos disfrutando de la noche en un muelle, pasé horas mirando una ola explotar en una roca, picos reflejarse en lagos, ríos atravesar valles… noches de calor infernal buscando fresco en la costanera correntina, haciendo la digestión y escuchando chamamé.

La pregunta es ¿por qué el agua? ¿Por qué ese fresco especial en la era del aire acondicionado? ¿Por qué esa fantasía de tirarse a que te abrace el agua? ¿Por qué ese ir hacia el agua?

Creo que no es el agua lo que buscamos, es el horizonte. Como si esa carta de navegación estuviera en nuestros genes. Como si tuviéramos una memoria de tierras fértiles y barcos que van buscando nuevos destinos en nuestro ADN… saber que el agua está ahí, tenerla en nuestro horizonte y que ella haga a nuestro horizonte infinito nos da paz, nos da sentido.