¿Qué pasa con Whatsapp?

grupos-de-whatsapp-600x617Estamos sentados en la mesa de trabajo, suena la chicharra de mi whatsapp. Siempre es mal momento, pero es lógico: además de con los Indianos, solo me comunico por Whatsapp con mi familia y amigos que están lejos. Siempre es demasiado temprano o demasiado tarde pero habitualmente me alegra mucho el sonido: mi hermana puede estar contándome alguna anécdota insólita que sucede en ese momento sobre el colectivo en el que está viajando al trabajo, o alguna amiga me cuenta que no soporta más a su madre y que está pensando en asesinarla. En fin, comentarios cotidianos de gente con la que mantengo una relación cotidiana.

Pero esta vez no era ninguno de ellos, era un cliente. Sí, por Whatsapp! No importa por qué se comunicaba, solo sé que tuve ganas de escribir: «¿Señor: qué hace usted ahí?».

Recordé que, hace un tiempo, alguien me comentaba que se comunicaba por Whatsapp con su analista; también que otra persona me había contado que se veía incluido en grupos constantemente y que por eso había decidido silenciarlos a todos y mirarlos cuando estaba aburrido. La idea de que se generen grupos multitudinarios de los cuales no quieras participar pero igual sigan ahí me asombra. Parece que en el fondo no se esperara respuesta.

Amo la inmediatez a bajo coste que me permite compartir situaciones cotidianas con mis afectos, pero no puedo entender la irrupción ni el contacto banal por parte de personas con las que deberíamos tener un trato formal. Y por formal no me refiero a acartonado o poco afectuoso, sino a relaciones que, por su cometido, deberían dar un espacio a la conversación y el intercambio, que permita esclarecer ideas, constrastar y construir. No hablo de sentarnos alrededor de mesas de roble, alcanza con dedicar unos minutos a escribir un mail expresando un punto de vista y, sobre todo, saludando; a mantener una conversación telefónica o, si es necesario, reunirse en vivo o por videoconferencia. Es decir, generar contextos para que, si es el caso, algún día exista la posibilidad de enviar un Whatsapp para tomar un café.

Un mundo sin certezas… ¡Eureka!

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¿Qué hay que hacer después de Newton?
Tenemos la verdad, sabemos cómo funciona el universo
Necesitamos un Director que mida y describa lo que sabemos
Necesitamos a Arthur Stanley Eddington, nada de teorías.
Es el mejor medidor de Inglaterra

Según la película de Philip Martin, estas fueron las palabras con las que contrataron a Arhur Eddington como director del Observatorio de Cambridge.

Eddington, un joven cuáquero, comenzaba así a dirigir el observatorio, a honrar a Newton en la que fuera su oficina, y además encontraba un refugio pacífico como objetor de conciencia mientras todos los de su edad se alistaban para ir a matar alemanes.

Junto con el cargo viene aparejada la investigación sobre quién era un tal Einstein, un físico que había sido convocado por el gobierno/la academia alemana para volver al país en el que había nacido, con enormes beneficios.

Einstein, que para ese entonces era desconocido salvo para los que habían tenido la oportunidad de intercambiar con él e interactuar con su mente brillante, no estaba entusiasmado en lo más mínimo por regresar a su país natal: La nacionalidad alemana, a la que había renunciado, le daba lo mismo. Él simplemente buscaba, en los diferentes lugares donde vivía, la oportunidad de hacer lo que más le gustaba: Física teórica. El ambiente de beligerancia creciente dentro de la universidad y las aplicaciones prácticas de la ciencia en función de la Gran Guerra, alimentaron las controvertidas posturas de Albert en contra de muchos de sus compañeros y superiores.

De la misma manera, nuestro Eddington, que ya había pasado una temporada pelando patatas por objetor de conciencia, se veía cada vez en más dificultades para defender su postura pacifista en medio de la guerra.

Simultáneamente, comenzaba a leer lo poco que había publicado Einstein. Dándose cuenta de que si avanzaba en sus investigaciones refutaría la teoría gravitatoria de Newton, movido por el interés científico y en contra del extremo control de las comunicaciones y el omnipresente y creciente nacionalismo, le escribe y así comienza una relación.

Esta relación y su curiosidad científica ponen en jaque los cimientos mismos sobre los que Eddington había construido su armazón teórico, incluido el espacio, que quedaba para Dios dentro de él.

Debido al [[nacionalismo]] descontrolado, el solo intercambio epistolar entre ambos científicos era sospechoso de traición. Pero la curiosidad sobrepasaba los condicionantes; el uno en el otro encontraron la pasión necesaria para continuar en momentos de tanta oscuridad, para seguir adelante sin tener en cuenta que para muchos lo que se jugaba era si el funcionamiento del universo se guiaba por normas inglesas o alemanas.

Esta pasión es la que lleva a Eddington a planificar el método de contrastación de la teoría de Einstein cuando las comunicaciones entre ambos ya estaban prácticamente interrumpidas hacia finales de la guerra. Había que aprovechar las investigaciones del próximo gran eclipse, sacar una fotografía y compararla (superponiendo los negativos) a una anterior. Si había variación, Einstein tendría razón: el espacio no sería plano.

Y así partió, después de finalizada la guerra, hacia Isla Príncipe, el mejor punto para observar el eclipse. Animándose a jugar a aquello a lo que nunca habría imaginado, desafiando el orden de lo establecido con lo que mejor sabía hacer: medir.

Y resultó que Einstein tenía razón y que la forma de ver el mundo había cambiado para siempre. Que verificar la teoría era animarse a vivir en un mundo con aun menos certezas. Fue en 1919.

1919_eclipse_positive

diecinueve decinueve
llegaron los ingleses a la isla de Príncipe
con sus aparatos de mirar la noche
los colocaron aquí a plena luz del día
esperaron, esperaron y esperaron
hasta que el sol se apagó
sobresaltados
apuntaron allí donde estaba la primera estrella
en verse en la noche del eclipse
eureka, eureka y eureka gritaban
los ingleses por las calles de San Antonio
gritaban que el judío alemán tenía razón
eureka
y fue otro el universo desde ese año
diecinueve diecinueve
Bruno Bellón Suárez

La maleta en la cama

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Para viajar, no importa el motivo, siempre se necesita información de apoyo. La principal es la que brinda la propia comunidad, las primeras consignas para «salir de casa». Pero cuando el mapa y los motivos se amplían, los orígenes de las referencias también.

Alrededor del siglo IX comienzan a proliferar mapas y guías escritos por buscadores de tesoros, especialmente relevantes en el mundo árabe medieval.

Se dice que hacia 1140, el Papa Calixto II compiló los escritos que componen el «Códice Calixtino» o «Libro de Santiago», con información de importancia para peregrinos que viajaban a Santiago de Compostela y su Catedral. Su libro V era una guía de viaje para los peregrinos que venían de Francia, y además de brindar información acerca de la ciudad, de los caminos y de la catedral, contaba detalles del Camino a Santiago, describía los pueblos peninsulares por los que se tendría que pasar, la gastronomía, la gente que habitaba en ellos, las zonas peligrosas, etc. Daba detalles hasta del vocabulario que debería usarse -las lenguas romances, todavía no «nacionales» eran un continuo que variaba de valle en valle- o de la calidad del agua que se encontraba en el camino, y sugerencias para dividir por etapas el viaje según la capacidad física de cada peregrino.

thomas-cook-journeEn 1847, intentando acompasar los diferentes husos horarios para viajeros y comerciantes, John Bredall -mano derecha de Thomas Cook- publica el primer libro de horarios con todos los ferrocarriles del continente. El libro -de más de un millar de páginas- especificaba los horarios locales de llegada y salida de trenes, su relación con la hora londinense y los tiempos empleados en los trayectos. En 1873 apareció una edición resumida, y pronto comenzarían a aparecer réplicas en América.

Con su invento -la industria del turismo- consolidado, las guías de Thomas Cook se convirtieron en herramienta fundamental también para quienes viajan por placer. Es que saber a qué horario local pasa un tren sin tener que saber cuál es el huso horario del lugar de donde sale la formación, resulta ser bastante útil.

Las expansiones comerciales y coloniales trajeron consigo numerosos relatos que contaban aquello que todavía había sido visto por solo unos pocos. Se describía cómo era el viaje y las ciudades a las que se llegaba, sus olores, sabores y conversaciones. En cuanto a los territorios «salvajes», el escrito se convertía en relato de aventuras.

excursión a los ranquelesHacia mediados del siglo XIX, el concepto de viaje cambia de significado: son los criollos acomodados los que comienzan a contar qué hay más allá del mar y quiénes habitan el interior del territorio devenido nacional. En aquellas épocas de periodismo amateur, las crónicas de viaje fueron también importantes obras literarias escritas desde la mirada de los más aventureros de las familias más prominentes de ciudades como Córdoba, Lima o Buenos Aires.

El Manual del Inmigrante Italiano

Inmigrantes-en-Dársena-Norte-299x300«El Manual del inmigrante Italiano» de 1813, lo entregaban las compañías organizadoras de los viajes migratorios a quienes partían de Italia hacia Argentina. El manual comenzaba quitando el temor a cruzar el mar:

Hoy los naufragios o roturas de las naves son muy raros porque las mismas son fuertes y resisten bien las más feroces tempestades. Los hombres de a bordo tienen mucha práctica en el mar, al que las cartas náuticas describen minuciosamente y de modo exacto. En caso de niebla o en las maniobras en los puertos, existe la posibilidad de choque de una nave contra otra, especialmente si el buque se viera averiado en un timón. Pero estos casos son rarísimos. Los desastres ferroviarios son, sin duda, mucho más frecuentes. Para tener un buen fin, cada pasajero dispone de un salvavidas que está bajo el cabezal de su cucheta. Sirve para mantenerse a flote si la situación fuera tan desesperante como para que debiera arrojarse al mar.

Luego sigue con numerosas consignas para comportarse en el viaje, normas de civilidad y convivencia. Se les describe paso a paso lo que pasará al desembarcar: el Hotel de Inmigrantes, la asignación o no de tierras, las ofertas de trabajo, etc.

Asesora además sobre normas de convivencia y cuidados para comportarse según las costumbres locales:

Cuando una banda musical entona el himno nacional, todos los presentes se descubren la cabeza en señal de reverencia.

A cualquier mujer, sea una dama o una lavandera, se le dice habitualmente señora. Llamar a una donna del pueblo «mujer» no suena bien, ya que equivale a decir hembra.

Para llamar a la gente en la entrada de la casa, o cuando la puerta está abierta, no se golpea ni se grita, se baten tres veces las palmas de las manos.

En un café o restaurante se llama al camarero batiendo las palmas dos veces y agregando inmediatamente la llamada de «¡mozo!», que quiere decir camarero. No se golpea sobre la mesa o el vaso.

El aviso «está prohibido salivar» significa vietato sputare.

Para pedir socorro a un policía (vigilante), que es también un guardia de ciudad (para los casos urgentes de incendio, robo, heridas, violencia, etc.), se silba con un pito de plomo que muchos acostumbran llevar en el bolsillo.

Por la calle no se camina fuera de la vereda: de hacerlo recibiría el calificativo de «atorrante», que equivale a mendigo.

«El Manual del Inmigrante Italiano» también advertía sobre los problemas que podrían encontrar con los estafadores. El autor, luego de recopilar algunos consejos anteriores, sostenía:

Desconfíe de quien no tenga la ropa ni la autoridad para acercarse, no escuche ni historias maravillosas ni casos piadosos y sosténgase por el momento incapaz de prestar la mínima ayuda a cualquiera y muy especialmente a los que le digan haber hecho el viaje con usted, cosa que no se sabe nunca si es verdad. Sepa que existe un notable sistema para engañar al inmigrante que acaba de desembarcar; es el llamado «cuento del tío» y que en Italia se conoce como trufa all’americana

El manual terminaba, luego de numerosos consejos y recomendaciones, con un importante apartado en el que enfáticamente recomienda comprar, siempre que se pueda, productos italianos.

¿Sabe quién hará conquistar a Italia el lugar que hoy no tiene entre las naciones que exportan bienes a la Argentina? Usted, o mejor dicho: deberá ser usted, y con usted, sus compañeros… no me refiero aquí a los artículos de producción local… Usted debe favorecer las importaciones de origen italiano; comprar solamente, cuando sea posible, nuestros artículos. La nacionalidad del negociante no cuenta para nada o cuenta bastante poco. Usted debe exigir al comerciante que lo surte productos importados de Italia. Y si, por la mejor calidad, debiera pagar un poquito más, no importa: valga el dicho «quien más gasta, menos gasta». Dígalo francamente, resueltamente: «Yo quiero artículo de proveniencia italiana».

¿Y hoy?

comidas-del-mundo¿Para qué viajamos? ¿Con qué información contamos?

Tenemos posibilidades casi ilimitadas de acceso a la información y hasta traductores on line por si no está en un idioma que entendamos. Pero la información que necesitamos, ¿está en blogs, guías, agregadores y agencias on line?

Dependiendo de la ciudad, la información oficial o las guías más o menos formales no siempre nos brindan la información que precisamos y tenemos que recurrir a bitácoras y blogs de distinta índole para encontrar lo que nos interesa saber, para tener el tipo de experiencias que nos gusta en una ciudad que queremos visitar y así poder disfrutarla al máximo.

¿Y si vamos a hacer negocios? ¿qué necesitamos saber? ¿Alcanza con conocer el dato estadístico de cuánto se consume el producto que vendemos? ¿Basta con los datos de proveedores y compradores? ¿O necesitamos también saber con qué nos vamos a encontrar, de qué podemos hablar, cómo no ser malinterpretados o ser tomados como displicentes o maleducados? ¿Cómo construir nuestro propio manual como el de los inmigrantes italianos que viajaron a hacer la América?