Tirarse al mar para pisar la luna

diving flag_0Un día una amiga me dijo que por qué no iba con ella a la pileta, que había hecho un curso de buceo y ahora seguía entrenando con el mismo grupo. Yo no me había planteado sacar un brevet, ni siquiera calzarme patas de rana, pero me convenció diciendo que ir a nadar con compañía no era para rechazar. Y no, no lo era: me gusta mucho nadar y a veces se hace difícil retomar sola la actividad, así que fui.

Poco más de tres meses después, estaba subida a un ómnibus hacia Las Grutas, a un poco más de 1.000 kilómetros de Buenos Aires, para hacer mi primera inmersión como buceadora en el mar.

Antes de eso, lo inimaginable: de pronto estaba yo haciendo cuentas, aprendiendo un poco de física, química y anatomía. Para poder obtener un brevet que te habilite para bucear, se requieren exámenes teórico y práctico: qué pasa con la presión, con el nitrógeno, los pulmones, aprender a armar y desarmar el equipo y reducir el peligro de agotamiento lo máximo posible.

Gracias a esto me enteré de que esas aventuras del Calypso que habían ocupado mis tardes infantiles, que ese capitán Cousteau mal doblado de mi infancia, había inventado el buceo recreativo como lo conocemos hoy. Esa no era su intención, claro está, pero lo hizo posible.

¿A qué se le llamaba bucear?

Campana de buzoNo hablaremos aquí sobre los antecedentes prehistóricos, ni de los problemas de Aristóteles relacionados al buceo. Diremos que a partir de mediados del s. XVIII comienzan a sucederse los inventos para ganar tiempo y profundidad en la inmersión. Así, la campana de buzo va reduciendo su tamaño hasta convertirse en un casco que recibía aire desde una bomba en la superficie, al que luego se le agregó un traje «seco», al que se llamó escafandra.

Buceo con escafandraEsta forma de buceo requería de una manguera con el exterior, y el necesario peso del traje impedía la movilidad del submarinista. El buceo autónomo todavía era un desafío.

En la década del 30 del s. XX se crean las aletas o patas de rana, el snorkel y la máscara que abarca ojos y nariz, hoy conocida también como luneta. Pero ya desde 1838 se suceden distintos tipos de reguladores, inventados o mejorados por investigadores de diversas procedencias. Quizás se pueda destacar que en 1933 Le Prier patenta la escafandra que proporciona al buceador una autonomía real, gracias al tanque, garrafa o bombona con aire a alta presión (150 atm), y una buena visión, con el empleo de la máscara. Todavía faltaba un sistema de control del consumo para permitir la autonomía y algunos detalles técnicos más.

Pero como sabemos, las grandes innovaciones raramente vienen de la nada, así que esta es sólo una de las maneras de contar los antecedentes del buceo autónomo.

¿Y Cousteau?

Jacques CousteauAl parecer Jacques-Yves Cousteau quería dedicarse a la aviación y no a la profundidad de los mares, pero un accidente se lo impidió. Comenzó sus experimentos submarinistas siendo él subteniente y estando destinado al destructor Condorcet como oficial de artillería. Al principio lo hizo en apnea, con la máscara que le había dado su amigo Philippe Tailliez.

En 1942 Émile Gagnan (ingeniero empleado en Air Liquide, empresa especializada en gases comprimidos) miniaturizó un regulador Rouquayrol-Denayrouze para adaptarlo a los motores gasógenos de los automóviles, pues los alemanes ocupaban Francia y confiscaban toda la gasolina.

JYC_Simone_SCUBA_0Resulta que el propietario de Air Liquide era el suegro de Jacques-Yves y pensó que ese regulador podría ser de mucho interés para su yerno, que hacía tiempo intentaba conseguir un sistema que otorgara plena autonomía al buceador. Gagnan y Cousteau fueron presentados, y entre ambos fueron perfeccionando prototipos hasta obtener uno cuyo principio básico es el mismo que utilizan los reguladores hoy en día. El regulador Cousteau-Gagnan, el Aqualung, se valió de varios inventos anteriores para combinar un tanque de aire comprimido y un regulador. También se valió de varios prototipos y experimentos fallidos, hasta que se concretó.

Volviendo a Cousteau, todo esto fue posible por dos cosas: la primera, porque Jacques-Yves se había apasionado por el mundo submarino, se había decidido a estudiarlo y quería filmarlo; la segunda, porque el ejército francés había sido arrollado por los alemanes y hasta 1943 Cousteau se dedicó a perfeccionar sus ideas, y a realizar sus primeras grandes filmaciones submarinas.

Cousteau puso en marcha varios centros de investigación subacuática para la marina francesa y en 1948 se retira y comienza a dedicarse de lleno a la investigación submarina, y sobre todo, a filmarla. En 1950

fundó su organización de estudios oceanográficos, y consiguió que un millonario irlandés adquiriese un antiguo dragaminas inglés construido en los EE.UU. y se lo alquilara por un franco al año. El barco fue equipado con laboratorios de filmación y estudio del mar, un helipuerto y una cúpula de observación en la proa, y conservó el nombre Calypso de cuando ejercía como ferry en Malta. Fue el inicio de más de 45 años de expediciones, experimentación y filmación que extendieron el conocimiento de las maravillas del mar a millones de personas, y establecieron el submarinismo deportivo como una técnica habitual.

Calypso de juguete

El día que pisé la luna

Lo que hizo Cousteau con sus travesías televisadas desde el Calypso, fue entusiasmar en la aventura del submarinismo a todo tipo de gente. También inspiró The Life Aquatic with Steve Zissou de Wes Anderson y algún tema musical.

buceo 074No, para bucear deportivamente no se requiere de la pasión de los inventores, ni de la de los investigadores, ni siquiera se requiere ser un aventurero. Sí, para bucear se necesita un poco de dinero (sobre todo si se vive lejos del mar), algo de entrenamiento físico y un amor por la vida que te permita estar a salvo y cuidar a los que te acompañan.

Bucear no es nada de otro mundo ni nadie se convierte en mejor persona por bucear, pero déjenme decirles algo: después de esos 1.000 km desde Buenos Aires, después de estudiar un poco de física, química y anatomía, después de entrenar físicamente durante 3 meses, me puse un traje de neoprene alquilado, y me subí con un poco de miedo a un bote de goma. Y cuando con la ayuda de 10 kg. de plomo en la cintura salté dentro del agua fría de la Patagonia, me sumergí y mi vida cambió para siempre: vi algo que nunca había visto.

La importancia del punto de vista

capa_Muelle del ArenalConocí la historia de Capa ya hace algunos años, de boca de mi amigo Diego Lápiz. Hace poco me acordé de ella dos veces con muy poco tiempo de diferencia, y por eso fue que escribí sobre él la última semana.

La primera de esas veces fue cuando encontré de casualidad algunas de las fotos de Bilbao tomadas por Capa durante la Guerra Civil. Ya las conocía pero como hace ya un tiempo vivo en Bilbao, las vi de otra manera: fue como si mañana te fueras de vacaciones a Sainte-Honorine-des-Pertes, estarías buscando al Soldado Ryan… y recordando las fotos de Capa.

Mi otro recuerdo reciente de Capa tuvo que ver con encontrarme en las Indias, con un libro de Enrique Meneses.

De Enrique Meneses me habló por primera vez David, me describió unas fotos que pude identificar, las había visto alguna vez. Un rato después me contó que La Biblioteca de las Indias había financiado íntegramente el proyecto que clasificó su archivo.

Unos meses después me presentaron a Rosa, había estado con Enrique el día anterior, él ya estaba enfermo y ella nos relataba su testarudez. El gráfico relato de Rosa me hizo sentir de cerca la noticia sobre la muerte de Meneses, un gran hombre y un gran fotógrafo, que pasó sus últimos años rabiando porque su salud no le permitiera seguir metiéndose en líos, animando a los jóvenes periodistas a que construyeran su propia historia y desahogándose en un blog que escribía hasta que una enfermera o un paramédico le arrancaba la laptop de las manos.
meneses_466x180 Meneses recorrió sin descanso guerras, personas y geografías. Decidió qué quiso ver en cada momento y no se detuvo a la espera de financiación o ante fronteras, accidentes geográficos o guardaespaldas con pocas neuronas. El mundo estaba lleno de historias por descubrir,  gente a la que conocer  e  imágenes a las que encuadrar. No importaba que el motivo fuera un proyecto de Paris Match o que su mejor amigo se hubiera enamorado de la nubia escultural que aparecía en una revista y se propusiera cruzar Africa para encontrarla.

Más de un año después de aquella charla, tomé por primera vez un libro de fotos, catálogo de una exposición de Enrique Meneses, en mis manos y quedé sumergida en él por un buen rato. Creo que lo que más me llamó la atención fue la edición, qué fotos se habían seleccionado.

Sofía de Grecia by MenesesLa primera imagen que me sorprendió no fue ninguna de las de la revolución cubana, ni de ninguna de las personalidades de aquel Estados Unidos convulsionado. La que captó mi atención, aquella en la que me quedé instalada, fue una de Sofía de Grecia. Bueno, en realidad dos: un retrato en el que está con la mirada perdida pero con el gesto en tensión y otra en la que está con su madre, la reina Federica, en París. La gestualidad captada en ambas tomas me parece genial.

BobDylan-PeteSeeger-JoanBaezMeneses definitivamente tenía un punto de vista. Desde esas fotos de Sofía fue que volví a recorrer las demás y ahí me di cuenta de que los retratos más tradicionales, si bien prolijos, no tenían comparación con aquellos en los que el fotógrafo logra ponernos en su mirada. Encuadres polémicos, difíciles de entrar pero que cuentan una historia.

Es que el punto de vista lo es todo y eso es lo que un buen fotógrafo nos hace evidente. Lo hacía Capa y lo hizo Meneses. El punto de vista es la relación entre lo que sucede en un instante y la mirada del fotógrafo que capta el momento para poderlo transmitir.

El punto de vista es lo contrario de la objetividad. La objetividad no existe y descubrir eso es lo mejor que nos puede pasar. Recortamos la realidad, elegimos qué ver y qué no ver y eso es una forma de definirnos como persona, de pararnos en el mundo.

No solo Capa o Meneses, todos elegimos quiénes queremos que formen parte de nuestras vidas y quiénes no, qué habilidades queremos adquirir, qué tipo de vida queremos vivir. Luego, pasan mil cosas, algunas malas… y entonces hay que reorientar, volver a hacernos esas preguntas, enfocar la cámara y disparar.

«Rolezinhos» o la manifestación del funk

RolezinhoEl último período navideño será recordado en muchas ciudades brasileñas por la proliferación de los «rolezinhos» (y su represión): la convocatoria masiva de jóvenes populares a asistir a shoppings. A hacer qué? A estar, a ocupar el espacio.

Entran a los gritos, cantando algo provocativo, se besan en público. Pero no es considerado un flashmob. Esa es su manera de participar de la fiesta del consumo. Ya no el consumo que corresponde a la clase «C», las heladeras y los plasmas, sino el consumo del que hablan las letras del nuevo funk brasileño y sus videos. Ya no es la riqueza tradicional de las telenovelas, ahora ostentan los pobres. Los MCs (llamados así porque todos sus nombres artísticos comienzan con Mc) son muchísimos y ya no hablan de robos, muerte y drogas  sino de marcas de alta gama, y eso se encuentra en los shoppings.

Inventarlo todo

fred-stein-gerda-taro-y-robert-capa-en-paris-1935-e1283082096696Dicen que Endre Ernö Friedmann era un niño judío, mimado, húngaro, hijo de padres intelectuales, nacido en 1913, que en la Budapest deprimida de 1929 conoció a Eva Besnyö, una adolescente, un poco más joven que él, que deambulaba por las calles con el único objetivo de sacar fotografías con su Kodak Brownie.

Otros dicen que Endre era pobre, de aspecto poco sofisticado, pinta de gitano. Ambas historias pueden ser ciertas dado que a los 17 años se va con su cámara a Berlín, de donde se escapa con el ascenso del nazismo para regresar a Budapest, desde donde pronto partirá a París, obligado por el facismo triunfante en Hungría. trotskyMuy posiblemente su estilo por aquella época no fuera muy parisino.

Dicen también que su primer trabajo profesional fue fotografiar a Trotsky en 1932, por encargo de Dephot.

Por aquellos días conocería a Gerta Pohorylle, una judía alemana también refugiada en París, también fotógrafa. Se convirtieron en pareja y se cansaron de trabajos mal pagados por lo que un día decidieron convertirse en Robert Capa. Ese día nace un fotógrafo norteamericano muy famoso que ha venido a París a trabajar. No se reúne con nadie, vende sus fotos sólo a través de su asistente y, debido a su fama internacional, cobra el triple de lo habitual. Así es, hasta que un tiempo después naciera Gerda Taro, ambos fueron Robert Capa y Robert Capa fue un relato desde su nacimiento.

Este es uno de los motivos de las controversias respecto de la autoría de algunas de sus fotos, el otro es que de muchas de ellas se discuta su veracidad.

Pero Robert Capa fue un genio de la fotografía. En sus fotos menos conocidas se advierte capacidad técnica, en las más conocidas, eso a lo que se denomina «punto de vista» y capacidad para «capturar el momento» y, sobre todas las cosas, se advierte riesgo. Una de las mayores evidencias de ello son las fotos del desembarco en Normandía. Así es, en el famoso «Día D» Capa desembarcó con la primera línea de hombres hacia la playa de Omaha.

Aquel día caminó por el agua roja de sangre con sus cámaras por encima de la cabeza. Capa _NormandíaEl resultado fueron cuatro películas de 35 milímetros y media docena de 120. Lamentablemente, el material se estropeó a ser revelado en el cuarto oscuro de la revista Life. Apenas se salvaron once fotografías (fotogramas), de las cuales dos no merecían la pena.

Años antes, en 1939 cuando huyó de Francia para evitar ser capturado por los alemanes, Robert Capa había dejado en custodia una valija a un técnico de laboratorio y fotógrafo; cuando los nazis cercaban París, Weiss (que así se llamaba) la llevó hasta Burdeos y ahí se encontró con un chileno al que le pidió que la entregase en su consulado.

La Maleta MexicanaEsa valija estuvo desaparecida hasta 1995, cuando el cineasta mexicano Benjamín Tarver recibe una herencia insospechada de su tía: «La maleta mejicana», nombre con el que se conoce a esa valija que contenía:

165 carretes que incluyen 4.500 instantáneas invaluables, documentan de forma gráfica un testimonio histórico, una crónica bélica a pie de tierra con carros de combate, trincheras y calles, de un punto cardinal a otro de su geografía en la contienda.
Los propietarios de la maleta mejicana son tres pioneros, tres míticos reporteros de guerra: Gerda Taro, Robert Capa, David Seymour (Chim)

Son quizás las fotografías más reconocidas sobre la Guerra Civil Española y, al igual que lo que pasa con las del Desembarco en Normandía, configuraron la imagen que el mundo tiene sobre esa guerra.

Gerda Taro falleció en un accidente en julio de 1937, a los 27 años. Se encontraba en el estribo del coche del General Walter cuando cayó en medio del desbande ocasionado por un ataque aéreo franquista y un tanque le pasó por encima.

magnum-photosEn la posguerra Capa creó, junto a Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandivert y David Seymour, la agencia Magnum Photos. Fundaban así una nueva forma de vivir como profesionales independientes. Nace así la fotografía de autor: los dueños de los fotogramas serán los autores y no los medios gráficos.

Admitieron nuevos fotógrafos en la cooperativa con un proceso de elección. Los candidatos eran invitados como Miembro Nominee durante 2 años, y después sus muestras y fotografías eran revisadas antes de convertirse en Miembros Asociados de Magnum. Después de otros 2 años, un Miembro Asociado puede convertirse en un verdadero Miembro, con derecho a voto.

Capa cubrió la guerra civil española, la segunda guerra sino-japonesa, la segunda guerra mundial (en Londres, norte de África, Italia, la Batalla de Normandía en la playa de Omaha y la liberación de París), la guerra de independencia israelí de 1948 y murió a los 41 años, mientras cubría la guerra de Indochina.

Nunca tuvo un sueldo fijo ni una casa. Hizo miles de fotos buenísimas, fue bueno en lo que eligió hacer, retrató realidades profundas, como su vida. Demostró que es posible inventarlo todo: un nuevo nombre, una profesión o una empresa; siempre que se tenga claro cómo se quiere vivir.

Detrás de la columna está parado el conde Chikoff

Antoine_de_Tounens_vestido_de_Mapuche Orélie_Antoine_de_Tounens_cropped

Con esas palabras me amenazaba mi padre para que me portara bien en la mesa cuando salíamos a comer afuera. La reciente muerte de la hija del dudoso conde es una buena excusa para recordar a este peculiar personaje, quien además de dar clases de patinaje, inventó pasos de tango y terminó vendiendo sus servicios de experto en protocolo al mismísimo General Perón (para Eva).

También murió Philippe Boiry, príncipe de la Patagonia, quien en 1951 sucedió a Antoine de Tounens, un aventurero del Perigord, autoproclamado rey de la Araucania y la Patagonia en 1860.

No dejan de ser historias de inmigrantes. Historias que refieren a la búsqueda de lejanas costas para dotar de nuevo significado a sus vidas.

Por qué me gusta MasterChef Junior

niño con cuchilloLa verdad es que no puedo hablar mucho del programa porque no lo vi más de 10 minutos, pero fueron suficientes para lo que quiero decir.

El programa no demuestra el talento de los niños, ni siquiera sabemos si tienen talento. Definitivamente no saben cocinar bien aunque, claro está, se dan mucha maña para la manipulación de alimentos y pueden preparar algunos platos, no tienen idea de sabores o de contrastes, ni tampoco entienden bien las consignas.

Y entonces por qué me gusta MasterChef Junior?

Porque los niños están entre fogones encendidos y aceite hirviendo, y usan cuchillos de verdad, grandes y afilados. Piensen hace cuánto no ven una imagen semejante, en la tele o en el mundo real.

Tanto en la literatura como en el mundo de los objetos, el entorno infantil resta experiencias en nombre del cuidado. Pero, ¿qué cuidado es aquel que inhibe de la experimentación? ¿Qué clase de aprendizaje proporciona? No estoy hablando de que mejor sería infligir miedo adrede o hacer vivir experiencias por encima de la edad física o mental del chico; solo estoy hablando de brindar las posibilidades de aprendizaje del mundo que los rodea.

Hace poco un amigo escritor compartía un artículo en el que un autor se lamentaba y alertaba sobre la posibilidad de aburrimiento literario a causa de la búsqueda de lo políticamente correcto, que llega a cambiarle finales a los clásicos:

¿Qué hacemos con la bruja antropófaga que muere quemada en Hansel y Gretel? Podríamos ponerla vegetariana, y matarla de una neumonía. ¿Y los valores sexistas de los cuentos de princesas? Quizá en vez de princesas deberíamos poner ejecutivas de transnacionales. ¿Y qué hay del prejuicio contra las familias modernas en Cenicienta? A lo mejor, en vez de madrastra, la mala debe ser «una amiga de la familia». Así nos aseguraríamos de transmitir valores sanos… Y cuentos insoportables.

Si pasamos al terreno de los juegos infantiles, la evidencia está a la vista: los niños se montan a juegos de plaza de materiales inocuos, perfectamente acabados y caen sobre una superficie blanda que se encuentra en lugar del suelo. Ya no hay ni arena en los areneros porque es sucia. Eso de caerse y que te duela parece que no va más, mucho menos que se enganche la ropa en un tornillo suelto o los célebres raspones en las rodillas producidos por el duro asfalto.

Cuáles son las consecuencias de todo esto? Ya están entre nosotros. Como nos contaba la autora de este genial blog que dejó de publicar porque (por suerte para ella, por desgracia para sus lectores) cambió de trabajo, los códigos de procedimientos para garantizar la seguridad de los empleados de muchas corporaciones, llegan a los extremos de proveer solo tijeras de puntas redondeadas (sí, como las de los niños):

Unos 40 ¡Alerta! más tarde ya dejo de contarlos y empiezo a sentir que trabajar así es totalmente normal. Tampoco me doy cuenta el grado de fragilidad de muchos de mis compañeros de trabajo. Desesperados ante la posibilidad inminente de un traspié o un corte con papel. Sumidos en su constante análisis mental de las situaciones cotidianas. «Cómo enviar un fax sin que la ropa se te atasque y termines desnudo frente a la máquina». «Paso a paso para doblar llevar carpetas sin tropezarse y terminar con 6 puntos en la frente, o bien con daños cerebrales irreversibles». «Cómo subirse al ascensor sin que te quede la mano afuera»

¿Entonces? ¿Cómo no ponerme contenta por ver niños con cuchillos? Niños que puedan cortarse un poco una yema porque seguramente se la seguirán cortando por el resto de su vida, o que se quemen un poco al distraerse con la sartén. De la misma manera que me pone contenta que desarmen cosas, quieran aprender a soldar o a serrar. Porque el entusiasmo de aprender haciendo supera enormemente el temor a equivocarse.

Liberando Cronuts

CronutDiciembre llama a la pastelería así que suelo dedicar momentos a la búsqueda, contraste y comparación de recetas en Internet.

La mejor receta de Pan Dulce que encontré fue una publicada en un diario argentino que atribuía y agradecía la autoría a una web a cargo de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés, la Cámara de Confiterías y el Sindicato de Pasteleros. La receta era buenísima por lo que me puse a bucear en la web hasta que encontré algo que me llamó mucho la atención: los «[[cronuts]]».

Quizás sea la última en enterarme pero se supone que estas facturas son un hit en el SoHo neoyorkino. La aparente sensacionalidad está [[patente|patentada]] por su «creador» el chef francés Dominique Ansel.

Como nos cuentan en la misma web de los pasteleros:

En la confitería de Ansel se vende cada [[cronut]] a 5 dólares y se entregan un máximo de dos unidades por persona.

El boom sumado a la restricción por persona del pastelito, impulsó un mercado paralelo que llegó a cotizar un [[cronut]] a 30 dólares por Internet y que al agregarle la entrega a domicilio, se pagó hasta 80 dólares. Algo absolutamente increíble.

El tal Ansel por supuesto no es el único en querer patentar sus recetas y, seguramente, varias tías patentarían «su» Vitel Toné navideño; pero me cuesta entender que no crea suficiente mérito el lograr hacer algo del gusto de la gente y confiar en que la gente lo elegirá por eso. Además tiene que patentarlo y hacer de la [[escasez]] su modo de distribución.

Pero ¿qué son los famosos «[[Cronuts]]»?

La supuesta genialidad aspira a ser un híbrido entre un croissant y un donut. A mi humilde modo de ver, son algo así como un anillo de hojaldre frito (un timo, bah!).

Por suerte hay gente que no se deja intimidar y su [[software libre|receta libre]] es más o menos fácil de encontrar. No vienen envueltas en papel dorado como en la Dominique Ansel Bakery y son un poco complicadas de hacer como cualquier masa de hojaldre, pero se necesita menos explicación para hacerlas que para comprarlas

Ingredientes:

  • 60 ml de leche
  • 65 ml de agua caliente
  • 6 gr de levadura seca de panadería (medio sobre aproximadamente)
  • 150 gr de mantequilla fría
  • 125 gr de harina de trigo
  • 125 gr de harina de fuerza
  • 30 gr de azúcar glacé
  • 1/2 cucharadita de sal

Para decorar:

  • azúcar avainillado
  • crema pastelera para rellenar (opcional)

Elaboración

Incorpora la levadura seca y mezcla todo a la leche y el agua.

Corta la mantequilla fría en dados y ponla en un vaso de batidora junto con la harina de trigo y la harina de fuerza. Tritura todo hasta obtener una masa harinosa.

Pon esta masa en el bol de la leche, añade el azúcar glas y la sal y mezcla todo.

A continuación, pon la masa sobre una superficie enharinada y amasa hasta obtener una mezcla homogénea.Pon la masa en un bol, tápalo con papel film transparente y déjala reposar durante 2 horas.

Coloca la masa en una superficie enharinada y estírala hasta que quede un rectángulo con el doble de largo que de ancho y un grosor aproximado de 1 centímetro.

Dobla la masa a lo largo en tres partes de la siguiente manera: coge uno de los extremos cortos y dóblalo de forma que llegue hasta el centro de la masa. Después, haz lo mismo con el extremo opuesto. Ahora, dobla la masa por la mitad y amasa con el rodillo. Gira la masa 90º y repite la operación dos veces más.

Cubre con papel film transparente y déjala reposar en el frigorífico 4 horas como mínimo (se puede dejar toda la noche).

Extiende la masa y amásala con el rodillo hasta que tenga 1/2 centímetro de grosor.
Corta la masa en porciones con la ayuda de un cortapastas redondo, de modo que tengan forma de berlina (un círculo de masa con un agujero en el centro).

Coloca las porciones de masa en una superficie enharinada y cubre con un paño de cocina limpio. Déjalo reposar durante 1 hora a temperatura ambiente, para que aumente su volumen.

Para freirlos, pon aceite de oliva en una sartén y cuando esté caliente, añade las berlinas (pocas a la vez) y déjalas 2 minutos por cada lado, hasta que queden hinchadas y doradas. Escúrrelas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Espolvorea por encima el azúcar avainillado antes de que se enfríen.

Y cuando [[cronuts|las hagas]]… contame qué tal te quedaron!