Recetas compartidas

En los ’90 conocí los tomates secos. También muchas cosas más, algunas de las cuales hacen reir a los amigos peninsulares, como el queso de cabra. Un montón de cosas sencillas empezaron a ser conocidas por mí en modo gourmet pretencioso, tipo: colchón de hojas verdes con tomates secados al sol y toques de queso de cabra (léase: rulo).

Ya finalizando la década, un día fui a la verdulería de mi barrio y descubrí que el verdulero (seguramente provisto por algún pariente de su provincia natal), vendía aceite de oliva, aceitunas y, oh, tomatitos secos.

– Tenés tomatitos secos!
– Si, querés un consejo para prepararlos?
– Dale
– Los ponés todos en un recipiente, los cubrís con agua caliente para que hidraten. Después, los sacás y los secás bien. Pero bien, eh! Después agarrás un tomate, le ponés una hojita de albahaca arriba y sobre la albahaca un poco de queso rayado. Arriba otro tomatito, otra hoja de albahaca y más queso, y así seguís… Después metés todo en un frasco, un par de dientes de ajo y lo cubrís con aceite de oliva

Lo hice, quedaron buenísimos. Desde entonces los hago siempre para compartir.

Este verano mi albahaca creció agradecida por el sol, lo cual me hace feliz porque no es tan fácil comer algo con albahaca en Euskadi. Estaba tan grande y linda que pedía a gritos tomatitos secos. Me costó, pero conseguí. El idiazabal que los acompaño es de estas tierras y quedó genial.

Además de disfrutarlos y compartirlos, quería registrar esto que, de tan fácil, casi no puede llamarse receta.

Menos mal que no todos creen que sus cosas preciadas deberían ser patentadas, sino todo lo contrario.

La Albahaca Los tomates secos

Plato terminado A comer

Notas de cata

blucig

Classic Tobacco: tabaco con un poco de vainilla y café, es como una pipa aromática hecha cigarrillo. Me encanta!
Café: café negro, quizás un poco quemado. Muy interesante en ciertos momentos.
Vainilla: Muy rico! Como el de tabaco ya tiene un tinte dulzón que me satisface, puedo prescindir de él, pero si te dan ganas de fumar por la mañana…
Piña Colada: mejor dedicarlo a aromatizar el ambiente.

Las pocas veces que había visto fumar «de mentira», lo había visto tipo placebo para la ansiedad manual u oral pero sin humo. La verdad es que me parecía un poco patético.

Hace un tiempo David empezó a investigar sobre cigarrillos electrónicos y, además de lo que leí, mi imaginación se disparó: empecé a imaginármelos de todos los tamaños, formas, sabores y colores. Los imaginé como algo más allá del cigarrillo: sin edades, con momentos y lugares a gusto del consumidor.

Imaginé también, cómo reaccionaría la prohibición con algo que no tiene efectos nocivos, que no necesariamente tiene que tener nicotina y que los demás no solo no absorben sino que tampoco huelen. Porque a diferencia de cuando se empezó a hablar de los efectos nocivos del cigarrillo (épocas en que se vendían boquillas, distintos tipos de tabaco, filtros especiales…), actualmente lo que está condenado es la acción de fumar, la imagen del fumador.

Creo que el ecig ideal debería ser de «hardware» libre (que permita personalizarlo, comprándolo o haciéndolo en casa) y de esencias fabricadas y sugeridas por alquimistas vocacionales que encuentren el negocio en combinaciones para todos los looks, gustos y edades. Sí, con nicotina, antidepresivos, THC o lo que se te ocurra; pero también sin ellos, con sabor a frutilla, chocolate o ananá, o con la combinación de sabores sugerida por tu banda favorita…

Mientras tanto, recibo con alegría y agradecimiento mi blu: delgado, liviano, negro, con abundante humo, buen packaging. Con forma de cigarrillo pero no tanto. Una nueva manera de fumar, de vapear, de puffear… y, sobre todas las cosas, de no salir a la vereda cuando querés seguir la charla adentro del bar.