Reloj no marques las horas?

Relós

La pasada Semana Santa saqué esta foto con el teléfono. Quería escribir un post. Pero luego vi que estaba desenfocada y prioricé la foto, no lo escribí.

La pasada Semana Santa me encontraba en Barcelona visitando a una amiga y aprovechando para encontrarme con otra que estaba de vacaciones y me traía un sobre con fotos que le había pedido a mi mamá que me enviara. Son fotos que tomé en las grandes estaciones de trenes de Retiro y Constitución, por donde pasaba todos los días hasta hace no mucho tiempo.

En fin, una vez haber despedido a Marina, me encuentro en una plaza con Mariela y allí abro el sobre. Lo que saltó sin pedir permiso fue el reloj de la foto. Era el reloj de mi abuela Margot, de la Oma. Las rayaduras de su cristal estaban escondidas en un rincón de la memoria y cuando las vi aparecer me llenaron de alegría!

Me hizo tan feliz la sorpresa que quería contárselo a todo el mundo. Me lo puse en la muñeca y salí de bares con Mariela.

Luego regresé a Bilbao, vi la foto que había sacado y fui posponiendo el post.

Las preocupaciones profundas tomaban forma y todo entraba en un paréntesis. No sé si tienen la misma raíz, pero los paréntesis acostumbran ser parálisis.

Cuando uno va posponiendo posts, en realidad cuando yo lo hago, es que algo está pasando, algo del estilo de lo que se reprime, a veces de lo que se medita mucho, nunca de lo que brota eufóricamente a borbotones.

A minutos de que se terminara ese paréntesis, una llamada me heló y las horas que siguieron tuvieron al principio un sabor agridulce porque había mucho por festejar pero culminaron con el balde de agua fría que anunciaba la muerte de mi papá.

No voy a hablar de mi padre, no por el momento. Solo escribiré sobre lo mejor que me dejó: compartir el dolor de su muerte con mis hermanos. Efectivamente, los días que siguieron, ya en Buenos Aires, fueron de agradecimiento absoluto y de momentos únicos con mis hermanos, por supuesto con mi mamá, y también con la que fue su segunda mujer.

Es raro explicar esa tristeza de la ausencia presente, solo puedo decir que me llevé lo mejor de esos días. De la despedida en Bilbao (y de los amigos en el resto de la península) y de la recepción en Buenos Aires: el sentirse querida es algo inigualable y mi papá me quiso y mi tribu me quiere.

También esos días fueron como un paréntesis, al que siguió otro. Tampoco escribí.

Hace unas horas Nat salió del Quirófano y está bien. No más paréntesis. A disfrutar de lo que nos dejan todas las experiencias y a compartir, que es lo mejor que podemos hacer.

Un par de buenas preguntas no son suficientes

Pregunta sociológica

Cuando empecé a estudiar sociología, no hicieron más que insistirme en que lo más importante que podías conseguir era hacer un par de buenas preguntas, en que eso era lo más difícil y a la vez socialmente útil.

Creo que tardé demasiado en darme cuenta de que no. Lo que importa a un sociólogo y a cualquier mortal son las respuestas, las descripciones de contextos, las ocurrencias.

Un par de preguntas se nos ocurren a todos los que no queremos hacerlas entrar en el formulario de presentación de los proyectos de investigación. Ocurrencias locas que hablen de futuros posibles a partir de buenas descripciones de contextos existentes, a muy pocos.