Navidad en la pileta

Estoy acostumbrada desde siempre a que el icono de la navidad sea un pino con nieve mientras en mi casa nadie se quería vestir para la cena porque algo más que un traje de baño era equivalente a calor.

Diciembre en el Cono Sur es una temporada mágica: en el trabajo se va redondeando el año, se multiplican las reuniones con amigos, llega el calor y con él las primeras escapadas a la playa y cenas al aire libre; todo el mundo sabe que, además, después de todos esos brindis, llegan las vacaciones. Y en el medio, las fiestas.

Si, amigos del hemisferio norte, la navidad en ciudades como Buenos Aires, es sinónimo de reencuentro, calor, fiesta y vacaciones.

Por eso el diciembre que pasó, fui al encuentro de todo eso: navidad con familia, año nuevo con amigos, miles de asados y piscinas y playas uruguayas. Me encontré con mis amigos, aunque algunos ya habían volado a la playa antes de mi llegada; conocí a los bebés que habían nacido en los últimos meses, escuché historias y cambié jamón por infinitos mimos.