Del microentretenimiento al emprendimiento innovador no rentable: los programas estatales y la crisis del mercado de trabajo

Hace tiempo que estamos dándole vueltas a la cuestión del mercado de trabajo, los desafíos de la educación y el cómo cada quien se para ante el mercado.

El tema de las necesidades propias y lo que esperamos de los demás recorre todos estos ámbitos y muchos más: los demás, en cualquier caso, pueden ser el estado, los compañeros, los competidores, mamá, papá, etc.

Por ejemplo, en lo referido a la capacitación profesional, hay otro que decide cuáles son los planes de estudio y ese otro, la mayoría de las veces, es muy lento para timonear y recorta la realidad a las meras habilidades. Yo no creo que ya no vaya a haber mercado de trabajo y todos vayamos a ser empresarios autónomos; en cambio sí creo que sin esta posibilidad en nuestras cabezas, se apoderaría de nosotros el pánico.

Si un Centro de Formación Profesional capacita a los chicos para trabajar en el sector automoción y esta industria se está cayendo a cachos en Europa, cuál es la respuesta? dejar de enseñar cosas relativas a la automoción? No lo creo: no deja de ser un sector importante pero por sobre todas las cosas, los planes de estudio de la educación formal, tardan mucho en modificarse y llegan tarde; y lo que hoy es la automoción, mañana puede ser cualquier otra cosa.

Entonces, los jóvenes deberían aprender, cómo una herramienta técnica más, las posibilidades que tienen de adaptarse, de aprender algo nuevo, de generar algo propio, de proponer un nuevo negocio y de las posibilidades del P2P.

El adquirir estas capacidades, nos hace capaces de mirar todo el negocio sea o no de nuestra propiedad, no importa el sector ni la envergadura de una empresa o emprendimiento, no importa que papel juguemos en él; tenemos que saber cómo funciona, qué hacen los demás, quién puso el dinero, cómo nació la idea, cuál es el o los futuros posibles y qué posibilidades podemos y queremos desarrollar en ellos.

No podemos pensar que nuestra supervivencia está garantizada porque cumplimos con tareas básicas cuando ni siquiera sabemos si lo que hacemos es rentable. Sin embargo, lejos de acercarnos a saber más, muchos modelos emprendedores tienden a invisibilizar al mercado

Dos casos aparentemente muy distintos

Microemprendimientos dirigidos a gente de bajos recursos y alejadas del mercado de trabajo en Aregntina.

Las personas se reúnen artificialmente en torno a la producción de un producto X, la cual es subsidiada en forma de pago directo a los trabajadores. Nadie se preocupa porque el modelo de negocio funcione o porque el producto sea demandado en el mercado ni mucho menos por la calidad.

Posiblemente los participantes ganen confianza entre ellos y quizás construyan ciertos lazos, pero vivirán del subsidio y no de su producción, no generarán valor en su comunidad.

Subsidios a emprendedores jóvenes innovadores en España.

El estado financia el desarrollo de emprendimientos cuyo plan de negocios no es revisado o cuyo hipotético comprador final siempre tendría que ser el Estado. Muchas veces son proyectos amigables con el medio ambiente o avanzados tecnológicamente; a veces,  se piensan para ser implantados en comunidades con las que nunca nadie habló. El resultado son emprendedores que no emprenden ni aprenden hacerlo y que, en definitiva, solo viven de un subsidio.

No digo que no haya proyectos excelentes que necesitan de un capital inicial y que es deseable que consigan sus socios para comenzar, pero el problema es que la mayoría de las veces, se llama emprendimiento a un proyecto para el cual su autor jamás calculó la inversión ni las posibilidades del negocio como tal.

Si no pensamos en la procedencia de nuestro medio de vida, no llegamos a comprender bien la importancia de nuestro trabajo, ni podemos hacer de él un ámbito creativo ni un proyecto de vida. Si fundaciones y estados dan el nombre de emprendimiento a puros entretenimientos y los centros de formación no abren la cabeza a nuevas posibilidades, la desesperanza al ver que una empresa cierra será cada vez peor y la idea de convertir el talento personal en medio de vida, aparecerá como delirante.

 

A mí no me gustaría vivir ahí

Este fin de semana termina la Bienal de Arquitectura de Venecia 2012. Los premios ya se entregaron en agosto, pero me pareció buen momento para hablar de uno de ellos: el León de Oro de la exhibición internacional ganado por Urban Think Tank por “Torre David”.

La Torre David fue un proyecto de edificio de oficinas en el centro de Caracas, que por esas cosas de Latinoamérica quedó sin finalizar y fue ocupado ilegalmente por personas desesperadas que no tenían un lugar mejor para vivir.

Es maravillosa la creatividad de las personas para convertir cualquier cosa en su hogar, resolver sus necesidades e inventar tecnologías para superar los problemas a los que se enfrenta. Sí, es maravilloso.

Lo que no es maravilloso, es el cinismo de artistas y arquitectos que premian la miseria y con ese sencillo acto invisibilizan el sufrimiento y las necesidades de las personas. Porque no sé a ustedes, pero a mí no me gustaría vivir ahí.

Uso compartido

He vivido en una ciudad muy grande y ahora estoy viviendo en una ciudad relativamente pequeña. En ambas oportunidades, tener un auto propio siempre me resultó caro y poco práctico.

En una, porque las dimensiones y el caos vehicular convierten al no siempre cómodo transporte público en la mejor opción, en la otra, la magia de poder recorrerla a pie me hace olvidar el tener que buscar opciones para ir de un lugar a otro.

Si debo ser sincera, en Buenos Aires recurro muy seguido al auto familiar para visitar  amigos que viven fuera de la ciudad (sobre todo en verano),  a cualquier lugar que no quede en el radio del transporte urbano o para salir de noche sin tener ganas de volver de madrugada en colectivo.

En Bilbao, como dije, la vida cotidiana se resuelve de a pie; pero Euskadi está compuesta de muchas ciudades, medianas y pequeñas, divididas por campos y montes; y muchas veces salimos de Bilbao por trabajo o por placer: a visitar amigos, a conocer lugares, o a reuniones con personas que viven y trabajan en ciudades o pueblos muy pujantes de pequeña escala.

Casi toda Euskadi está bien comunicada por transporte público, pero por supuesto, no es tan cómodo como ir en auto ya sea por horarios como por proximidad del lugar a visitar respecto de donde te deja el transporte. A veces ir a una reunión de un par de horas a una ciudad a 50 km de distancia, calculando los horarios del transporte, podría llevarte casi todo el día.

Ese fue el caso del jueves pasado, cuando tuvimos que ir a Oñati a reunirnos por posibles ilusionantes nuevos proyectos a la Alcaldía. Esa fue mi oportunidad de conocer el uso compartido de autos o car sharing: buscás el auto de un estacionamiento, lo desbloqueás con una tarjeta que te dieron previamente y adentro te encontrás con las llaves y una tarjeta de crédito para los gastos de combustible o limpieza que se puedan requerir.

Cómo resultó? Genial! Fuimos a Oñati, tuvimos una excelente reunión de un par de horas, caminamos un rato para conocer el lugar y volvimos a almorzar a Bilbao. Sale mucho más barato que alquilar un auto por un día y no hay que lidiar con el personal de las empresas de alquiler.

La reunión y la forma de llegar tuvieron bastante en común: ganas de hacer mejor las cosas, de aprovechar la tecnología, de optimizar recursos; todo para tener una mejor calidad de vida.

 

Lo que me dejó el verano y lo que no

Empieza a bajar la temperatura en Bilbao y miro el blog y lo veo abandonado. Qué tenía que estar y no está: reflexiones sobre los desafíos de la educación en tiempos de crisis, la importancia del procomún como tradición y como alternativa de futuro, la organización política de una comunidad como reflejo y posibilidad de la libertad de las personas; y las mudanzas.

Durante el verano pasaron muchas cosas, algunas tristes y otras mejores, ambas quiero creer que fortalecedoras. Pero ante todo fue un verano convulsionado y de mudarlo todo, esperando mayores posibilidades. Creo que esperaba estar segura de que esas posibilidades que se abren sean pura felicidad y luego escribirlo, pero no estoy segura y mientras tanto las cosas se quedan en el tintero, así que lo importante es continuar porque un blog también es una posibilidad.

Salvo en el caso de las reflexiones sobre la educación, que fue motivada por debates referidos a alternativas ante la crisis, a la observación sobre las dificultades de algunas personas para plantearse alternativas de futuro y a experiencias y reflexiones previas en distintas sociedades (y me quedé sin hacer mi propio aporte); las demás cosas que quedaron en el tintero estuvieron relacionadas con viajes, visitas, descubrimientos…

El verano es tiempo de fiestas comunitarias en Euskadi y tuve la suerte de participar de varias de ellas. La mayoría consisten en la evocación de alguna práctica tradicional y una gran comida comunal: mineros que traen hierro a los monjes, bueyes que arrastran gran peso, bailes o toros; y siempre un gran frontón en el centro de la escena donde se comparte la comida y un bar donde se conversa con más intimidad.

La fuerza de lo comunitario surge naturalmente: desde la organización compartida de la fiesta, desde la comida del pueblo que invita alegremente a aquellos que vienen por primera vez o desde la fiesta de un grupo empresario que con la misma fuerza se arraiga en esta linda tradición del comunal.

También en los últimos meses tuve la oportunidad de conocer Suiza, fui para que me mime gente querida pero de paso descubrí que detrás de esa preconcepción de sociedad aburrida, se esconde un entramado de toma de decisiones increíble, una democracia que potencia la libertad en la vida cotidiana, en la adhesión o no y en el compromiso. El haber participado de debates previos sobre confederalismo, enriqueció muchísimo estas visitas y les dieron una mayor dimensión, aunque sin menospreciar el encanto que el queso y el chocolate aportan a una feliz estadía.

Pero también hablé de mudanzas. Me refiero a mudanzas íntimas todas ellas, algunas de humor y otras más tangibles: casa y trabajo. Me mudé a un nuevo departamento en Bilbao, con lo que implica buscar, firmar, trasladar y vivenciar en general un cambio como este en una sociedad que uno conoce poco. Implicó muchas cosas y emociones pero descubrimientos también, por ejemplo, constatar lo que un viejo profesor decía: “la falta de confianza encarece los costos de transacción”: me maravilló hacer transacciones en una comunidad más confiada! Cantidad de papeles reducida, trámites a solo golpe de teléfono, nadie me pidió una garantía de otra persona ni dudó de mi palabra cuando dije que tenía ingresos. La verdad, es que no siendo local, estaba un poco asustada de que me acribillen a preguntas y me pidan muestra de ADN pero la experiencia me abrió una nueva dimensión hasta ahora desconocida para mí.

También mudé de trabajo, o mudó el trabajo, no lo sé muy bien pero lo concreto es que estoy viviendo una nueva experiencia en Fondaki, que me abre a un mundo que no conocía, que me convence de que los saberes que uno va acumulando se trasladan con uno y son el mayor capital que tenemos en las aventuras que emprendamos de cualquier índole. Aprendo, me emociono y descubro a la vez que hago inteligencia pública. Comparto con quienes ya me enseñaban y con nuevos maestros. Me descubro a mí misma siendo creativa en temas que jamás habían estado a mi alcance y pensando a las empresas desde otro lugar.

En fin, este es un resumen de los últimos meses, ahora que está empezando el frío. Hubieron momentos lindos y días muy tristes, sentí la soledad y sentí la compañía, la distancia y la cercanía; pero sobre todas las cosas resolví que no tengo que dejar que las ideas se marchen, que no me puedo olvidar de escribir. Que no importa cuánto me quedaré por aquí, ni qué haré, ni cómo; solo sé que siempre hay algo que decir, que compartir, que debatir. Eso fue lo que me dejó el silencio del verano.